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El CM del Progreso — que ha podido apreciar durante una larga serie de años, los relevantes méritos del que fué Juan Carlos Gómez, ya en las luchas ardien- tes de la prensa, en la enseñanza tranqui- la de la Cátedra, en los debates agitados del Foro, ó en la conversación amena de los salones, sosteniendo siempre con la fé inquebrantable del Apóstol y la galana forma del poeta, los principios que salvan la moral, la dignidad y liber- tad de los pueblos, se ha creido en el deber de asociarse á las manifestaciones de dolor que su muerte inesperada ar- rancó á los pueblos del Plata; y como complemento á ese justo homenage de- 712 I — IV — bido á tan austero ciudadano, que fué uno de los fundadores de esta aso- ciación, y murió en el ejercicio de la Presidencia, ha dispuesto organizar esta Corona Fúnebre para que se conserven los discursos que los oradores Argen- tinos y Orientales pronunciaron al in- humarse sus restos, y los mas notables artículos de la prensa nacional y extran- gerade esta Capital y de Montevideo. Los compañeros del doctor Gómez quedarán satisfechos, si por este medio concurren á mantener vivo en las gene- raciones que se forman, el recuerdo de su nombre, y el ejemplo de su abne- gación, su carácter y su civismo. Buenos Aires, Junio 1884. DISCURSOS PRONUNCIADOS AL INHUMAR LOS RESTOS EL 27 DE MAYO DE 1884 EN BUENOS AIRES GENERAL BARTOLOMÉ MITRE SEÑORES I mjL doctor Juan Carlos Gómez fué un jornalero, que llenó su tarea en la vida amasando el pan diario que nutre los espíritus fuertes. Perteneció á una generación varonil, que en sus dias juveniles dio carácter á su época, y se labró su propio destino luchando contra las tiranías con la espada del combatiente, con la pluma del publicista, con la lira del poeta, con la palabra de sus oradores, que convir- tieron en fuerzas sus pasiones generosas y crearon un ideal moral que vive y que le sobrevivirá. Y todo esto se condensó en los tipos de plomo de sus imprentas, que silbaron como balas durante la lucha y conservan todavía su recuerdo. Pertenecía á la raza valerosa de los diaristas, para quienes es la palabra escrita una arma en el campo de la discusión ó de la polémica, y que avanzan á van- guardia de las columnas de combate despertando el entusiasmo consciente en los que marchan al sacrificio en pro de una creencia. Por eso su oración fúnebre debe ser hecha, — como ha sido hecha ya, — en el banco del trabajo á que vivió amarrado ese jornalero de la inteligencia , con los tipos de la prensa que sirvieron de vehículo á la irra- diación de sus ideas luminosas ; y por la múltiple voz del diarismo que dio repercusión á su palabra en vida, cuando lanzaba en alas del gran viento de la publicidad esas hojas fugaces, que solo duran un dia, cuyos estre- mecimientos se prolongan en el tiempo y que son como las olas del Occéano agitado, que se suceden, cambian de forma y solo duran un momento, pero que circulan constantemente en las corrientes de la vida impulsadas por fuerzas continuas, como circulan las ideas perpe- tuas en el mundo moral. Y por eso también su memoria debe ser honrada con los mismos instrumentos de que él se sirvió para trabajar por el bien, con las mismas armas á que él dio temple^ con los mismos materiales á que él dio vida y movimiento con el soplo creador de la improvisación de cada dia: — debe ser honrado con el mismo plomo con que él inscribió su nombre en las columnas monu- mentales del diarismo. Cuando murió Horacio Greely, el gran diari^^ta de Nueva Yprk, que era á la vez en la prensa el tribuno de un gran partido, sus compatriotas tuvieron una de aquellas iiispiraciones originales que solo brotan en la mente de los hombres libres cuando quieren honrar á sus benefactores con sus propios atributos : iniciaron el proyecto de erigir una estatua de plomo, fundida con tipos de todas las imprentas de la Union Americana, que condensase en forma humana, símbolo del pensa- — 3 — miento, la idea que se incorpora al más vil de los metales y lo hace valer más que el oro mismo. Los bustos tallados en mármol ó fundidos en bronce, y aun en oro ó plata, pueden alcanzarlos todos, aun sin merecerlos ; pero solo se modelan en el plomo de Gutenberg, vehículo del pensamiento, las cabezas inspiradas de los que, como Franklin, dan su carácter á un pueblo ; de los que, como Girardin, consagran la vida al servicio de las ideas ; de los que, como Flo- rencio Várela, mueren mártires de sus creencias con la pluma del publicista en la mano ; de los que, como Juan Carlos Gómez, han merecido bien de dos pueblos hermanos, que le honraron y amaron en la vida y en la muerte. El homenage más digno que podría tributarse al doctor Juan Carlos Gómez como diarista, sería que cada imprenta del Rio de la Plata contribuyese con un puñado de tipos, para que arrojados en el crisol pos- tumo que todo lo purifica, se modelase con ellos su simpática efigie, que la posteridad saludaría con res- peto, en honor de la arcilla humana que encerró el fuego sagrado que anima al plomo y dá calor á las almas. Adiós, Juan Carlos ! Duerme en pa¿ el sueño dé los buenos, en brazos de dos pueblos hermanos, que te amaron en vida y que te lloran y te llorarán por isiem- pre en la muerte! gral. domingo f. sarmiento SEÑORES : C, 'UANDO nuestro país alcanza un grado de riqueza desconocido en la América launa, el día que la loco- moriva se detiene solo ante los espolones exteriores de los Andes mientras se le abre paso para escalarlos ; cuando los puertos están preñados de naves y las pla- yas se ocultan bajo montañas de productos para ser exportados ; en fin, cuando la munificencia del Con- greso es solicitada para premiar hasta los errores ! de nuestros hombres públicos, el doctor don Juan Carlos Gómez muere en la destitución más absoluta, y en el abandono y el olvido como hombre público. Que aquel hombre era digno de mejor suerte, prué- banlo los vapores requeridos para conducir de la opuesta orilla, á fin de honrar su memoria, á los ciuda- danos orientales que representan el saber y los .senti- mientos elevados de aquella República, como están representados aquí de este lado del Rio los miembros del Club Liberal en cuanto á las ideas y del que era Presidente, como los socios del Club del Progreso que reúne la riqueza, la elegancia y la juventud, porque también era su Presidente. Tengo el honroso encargo de espresar el duelo de la prensa periódica entera por la pérdida del que fué uno de sus luminares, y todavía quedan por cientos los ciudadanos, los clientes, los estudiantes y los extran- jeros que han seguido el carro que conduce á su última morada los restos de Juan Carlos, como era la frase cariñosa con que todos le llamaban. ¿Por qué tanto abandono cuando vivia, y tanto interés cuando es cadáver ya ? Habíasele dado una cátedra como medios de vivir; no hace un mes habíala pundonorosamente renunciado desde que se sintió enfermo ; y ya empezaban las ofensivas observaciones sobre el incidente, cuando se supo que habia tomado la cama para morir. El nombre de Juan Carlos Gómez como escritor, y escritor ameno, simpático y concienzudo á la vez, hace cuarenta años que venia resonando desde las costas del Pacífico, donde estuvo del lado de las ideas con- servadoras, pues que sabia amalgamar la libertad y el Gobierno en un todo armónico. Hace pocos afios que redactando El Nacional, se acercó un dia á su propie- tario para anunciarle que dejaba de alimentar sus columnas, desde que veía comenzar una época para la cual no estaba preparado, temiendo hacer zozobrar la nave, si él continuaba como piloto. ¿ Quién ha olvidado, si vivió en aquellos tiempos de ardorosa lucha, al lanzarse Buenos Aires y la Repú- blica en los senderos que abría la batalla de Caseros ? ¿ Quién ha olvidado la actitud de Juan Carlos Gómez en la prensa, levantando en alto la bandera del antiguo partido liberal, con las tradiciones de la Revolución de Mayo, dando á las cosas su nombre, y puesto que le llamaban unitario para deprimirlo bajo la capa todavia gruesa de escorias políticas que dejaba la derrocada tiranía, unitario lo proclamó, llamando al pueblo á las urnas con aquel nombre evocado, y haciendo tríunfar las ideas que habia fecundado la emigración ? Lo que ahora le hacia abandonar su puesto en la prensa, era que veia venir, como la tempestad en los — 6 — mares, la invasión del materialismo que se apodera de los ánimos después de obtenidos los primeros triunfos de la paz — " ahuyentando, decia él no hace un año en las páginas de un álbum — con el progreso y devorante afán de las riquezas que el camino de hierro engendra, las apacibles costumbres y las generosas ambiciones de la vida infantil de los pueblos, de esa vida casi de la naturaleza que tanto echamos de menos entre las magnificencias de la civilización ". Gómez ha muerto el 25 de Mayo de 1884, ^Y^^ "^ más, pero hace ya años que se venía extinguiendo moral y físicamente con aquel cambio de atmósfera política que denunciaba al dejar E¿ Nacional, como se están extinguiendo las familias nobiliarias de las islas del Pacífico al entrar en la vida civilizada, ó desapa- recen las naciones indígenas de Norte América, desde que la cultura ha reclamado el suelo que cubrian los bosques y disminuido el oxígeno que los árboles aban- donan á la atmósfera. La índole de Gómez no estaba preparada para este cam.bio de medio ambiente, y vino debilitándose, entristeciéndose , y perdiendo todo impulso, hasta dejarse morir. Lo estamos viendo ! Esacaso la primera vez que en un cementerio argentino, porque en los orientales ocurrió muchas veces, — hombres públicos argentinos y orientales se ven expresamente reunidos para tribu- tar el último homenaje á la memoria de un muerto, movidos por el mismo sentimiento, el patriotismo. ¿ Tenia dos patrias acaso Gómez ? No : tenia una sola, é indivisible en su corazón, no obstante que el majestuoso Rio de la Plata corre de por medio. Gómez no suscribió al tratado que hizo de la Banda Oriental del Rio de la Plata, una Nación distinta de la Banda Occidental, como Vasquez, como Paunero, Rivas y tantos otros; aunque los últimos se inclinasen más á este lado que hacia aquel. — 7 — Gómez ha vivido y muerto protestando contra la suerte de las batallas, y desde que el tiempo ha cicatri- zado la ruptura, se hizo para sí mismo imposible la vida pública, no obstante que sus hábitos de pensar lo man- tenian por las ideas liberales en el seno de nuestra socie- dad, participando más de sus sinsabores que de sus felicidades. Es muy honorable para los proceres del Uruguay haber solicitado llevarse sus restos, como los de un compatriota; pero será uno de los timbres gloriosos que acompañarán la memoria de este virtuoso ciudadano, el hecho innegable de que dos Repúblicas se han hon- rado con llamarle suyo, sin contar con las simpatías que conserva en Chile, donde su reputación se mantiene entre los que aman las letras, los principios y la morali- dad política; porque, señores, estas manifestaciones de la estimación pública que dormía no há mucho, y se despierta ala presencia ó de un individuo ó déla muer- te, cuando provienen de la parte pensadora, son el tri- buto que en las épocas de depresión moral paga el pueblo al conjunto de virtudes cívicas de sus prohom- bres: Gómez muerto en la pobreza ha despertado á ambas márjenes del Rio la memoria de la elevación caballeresca de sus sentimientos, de sus sacrificios sin ostentación, de su no enriquecerse, como se lo decia á uno de sus amigos la víspera de morir, cuando era tan fácil hacerlo. ¡Bella condición del espíritu humano que hace perdo- nar tantos errores y flaquezas á los pueblos! El culto á la virtud, al desinterés, al patriotismo, es más ferviente á medida que más escasean en la práctica; y cuando en torno de la modesta tumba de Juan Carlos Gómez, el desvalido, el amigo pobre, alejado del gobierno y aun de la prensa, vemos reunida la juventud de dos na- ciones, los representantes de sus letras, de sus diarios, de su pensamiento, y aun de su manera de sentir, debe- mos congratularnos recíprocamente los de estay los de — 8 — la otra orilla del Rio, de tener parte en esta manifesta- ción de la opinión pública, que honra así la virtud en el que muere, para que la generación presente no crea que el silencio es el asentimiento, cuando los buenos enmu- decen ante el ejemplo triunfante del mal. Ha llegado hasta aquí el grato deber que me impone la elección de los ciudadanos que ocupan el lugar que Gómez dejó en la prensa diaria. Permitidme añadir algún concepto personal de mi parte. Hemos militado ambos bajo la misma bandera cua- renta años, de uno y otro lado de los Andes. En Chile sostuvimos la política que construye, organiza y educa, sin levantar tiranuelos, sin abrir las puertas á la innata anarquía. Cuarenta años después he vuelto á Chile y recibido de aquellos mismos á quienes combatíamos el abrazo de bienvenida con recuerdos para Gómez. En Buenos Aires, caido Rosas, blandíamos El Na^ cional y los Debates para mantener la victoria de Case- ros en sus justos límites, la nacionalidad de un lado, la libertad constitucional del otro, y triunfamos. Sabéis cuándo, y en qué defensa fué derrotado Gómez, que tomaba, como él lo dijo, mi pluma en El NacionaL Preludiaba ya la época cartaginense, el desborde de la riqueza misma cuyas fuentes por tanto tiempo cegadas habíamos escavado y hecho brotar á la superficie, y la invasión fué tan violenta, tan irresistible que hubo de quitarse de por delante, temeroso de ser arrastrado por sus hondas; pero, ay! el torrente se abrió nuevos y más hondos canales, y aquella tierra en que habia crecido y arraigádose el espíritu de Gómez, fué poco á poco quedando en seco, y el árbol del que emanaba como un perfume el pundonor caballeresco, la lealtad á los prin- cipios fundamentales, fué decayendo, perdiendo la loza- nía y verdor hasta que dejó el 25 de Mayo de circular la vivificante savia. Era imposible la última campaña que emprendió, y ha muerto á consecuencia del triunfo délas ideas opuestas. No le quedaba posición ni funciones en el drama que principió entonces. En sus últimos dias ha podido repe- tir las palabras de J. J. Rousseau, con que cuarenta años antes enviaba á J. M. Gutiérrez, los cuentos fan- tásticos de Hoffman: — ^Je voudrais vous en envoyer davantage, mais tout est si cher ici, et surtout le pain! Para Don Juan Carlos Gómez en los últimos dias de su vida, en medio de la prosperidad de Buenos Aires, el pan era tan caro como en 1846, en el destierro volunta- rio de Chile. Otros le seguirán en ese lento descenso á la oscuridad y á la tumba; pero más felices que Belgrano, cuya muer- te ignoraron los diarios del dia, al estinguirse uno de esos que fueron los grandes luminares en las épocas te- nebrosas, por lo menos al dar su último destello los presentes se aperciben de que se apagó. En cuanto á la quimera que se atribuye á Gómez de querer restablecer la antigua, natural y necesaria unión de ambas márgenes del Plata, tended la vista al rededor de este modesto sepulcro, y preguntadle á cada procer, á cada diarista, á cada académico, de qué lado del Rio han nacido y en este momento, al rededor de la tumba de Gómez os confesará que la quimera si la aleja la política y la historia, la llama y acaricia el corazón de los patriotas de ambos lados del Rio. Id en paz, amigo, con vuestra noble y santa quimera. Aquí quedamos otros con la nuestra. Dr. GONZALO RAMÍREZ SEÑORES : H, .E venido desde las riberas de m¡ desgraciada patria á rendir el culto de mi alma al ilustre muerto que no conocí en vida, pero que adoré siempre en espíritu. : El General Mitre nos ha dicho que debíamos erigirle una estátuafundida con los tipos de las imprentas de am- bas riberas del Plata. Yo agregaré que en el pedestal de esa estatua debe grabarse aquel epitafio que Lord Byron echaba de menos sobre la tumba del General Marceáu. "Sus enemigos lo respetaban, sus amigos lo adoraban — todos lo lloran" Y ahora permitidme que hable á sus manes en esa lengua del poeta que él sabia hacer vibrar con acentos inmortales: Aquí, sobre la tumba del proscrito, Rindamos homenage á su grandeza, Respetemos su cívica firmeza; Murió en tierra extranjera... ¡estaba escrito! Recojamos el lábaro bendito Que alzara con estoica fortaleza, II Absorto en la visión de lo infinito Descansa el luchador, su gloria empieza. Ni en la hora final de la partida Amargaron su fé los desengaños, Y abandona las playas de la vida Con el amor de propios y de extraños, Fuerte, sereno, con la frente erguida, Sublime soñador de sesenta años. Dr. lucio V. LÓPEZ L> /A MUERTE de Juan Carlos Gómez nos trae á la memoria U vida de una generación entera : la genera- ción que entró á la vida pública y literaria leyendo los libros de Guizot, oyendo las lecciones de Villemain é imitando á los grandes poetas del año 30. Niños, nosotros los hemos alcanzado jóvenes casi, viviendo aún la vida de las revoluciones, agitados todavía por la gigantesca batalla literaria contra los filisteos, discutiendo á los santsimonianos, repitiendo las meditaciones de Lamartine, las odas de Hugo, las noches y los proverbios de Musset, la Teresa y el Antony de Dumas y pasando todos bajo el intenso rasgo del lápiz de Gavarni. ¡ Qué aurora la de este siglo XIX ! Hace muy poco que pedíamos á Juan Carlos Gómez que nos escribiera con ese terso y elegantísimo período de su frase sus memorias políticas y literarias. ¡ Qué libro ños habría legado, si pasando sobre todas las preo- cupaciones burguesas de nuestra índole, hubiera dejado volar su pluma á través de treinta años de su vida violenta y fragorosa como las borrascas de la pampa ! Su puesto en esa legión le dá la fisonomía poética y marcial de Macías ó la gallarda apostura de Athos, _ 13 — el más completo de los mosqueteros, porque el tipo moral de Juan Carlos Gómez era tan perfecto, que la pluma no lo puede modelar con el realismo desnudo de la historia, sino con el prestigio romanesco de la novela. Tan gallarda, tan pura y tan poética era su alma per- fecta de puritano ! Era un romántico como lo era Juan María Gutiérrez, á pesar de sus veleidades clásicas y castizas, y como lo fué don Miguel Gané. En su pendón literario lle- vaba escritas las décimas de Echeverría, la despedida melancólica de Balcarce y los lujosos alejandrinos de Mármol. Eran los cantos de su juventud, esos mis- mos que nosotros hemos oido caer niños del labio de nuestras madres en el epílogo del largo destierro. No era posible verlo y oirlo sin amarlo. Sobre su frente se cernia la nube de una inmensa tristeza ; de alma pura como la de un ateniense, vio derrumbarse su ideal, y como el artista antiguo, prefirió destrozar por su propia mano la columna corintia antes de entregar su noble tronco para sustentar la fábrica bizantina. ' j Noble y honrado artista 1 Tenia en su pluma la nota aristocrática del estilo, la forma esbelta y clara á la manera de Gutiérrez, ven- gadora y vibrante en la batalla, como un yambo de Barbier, ática y límpida en la tregua como un período de Vigny. Ahí está su huella en El Nacional de 1879 y 1880 ; parece abierta por un cincel de Atenas. Su frase era nítida y elegante como un joyel antiguo, y obligado á defender su vieja tienda, jamás dejó de pulir un sólo dia el dardo que lanzaba al campo del adversario. No hay ejemplo de un periodista más cultor de la forma, y en ese rasgo, lleva el sello indeleble de su noble raza literaria; Pero es en los recuerdos literarios de su época donde su figura descuella con todos sus atavíos. Llega á Chile llevando como todos los argentinos el numen — 14 — de la revolución filosófica y literaria de 1830. Es la famosa pléyade de Julio la que se reproduce en ellos en Santiago. Son Gómez y sus compañeros, adver- sarios ó camaradas, pero románticos y revolucionarios todos, los que escandalizan á don Andrés Bello, ese Boileau que enseñaba la retórica en recipes y que velaba como una vestal madura en el templo de !a lengua. Allí también se encrespó contra ellos la huraña deidad de los preceptos, pero ellos voltearon el ídolo pagano en la prensa, en la cátedra y hasta en el teatro donde Casacuberta animaba los héroes nove- dosos del romanticismo. Noble y generosa juventud, que en medio de las profundas tristezas del destierro caminaba bajo los rayos de las orientales y en la senda trazada por las sabias lecciones de Cousin. Gutiérrez, Cañé, Juan Carlos Gómez, ¿quién puede ocupar su lugar á medida que han ido desapareciendo? La tumba que hoy recibe los despojos de Juan Carlos Gómez, podía llevar este epitafio: — aquí yace el últifno gentil'hofnbre. En ella dormirá el eterno sueño ; en la grande, en la única patria ; volverá á la inmensa materia como él lo ha querido mientras que su idea marcha hacia ade- lante firme y segura como el ala del cisne que llevó un dia por el cielo la pluma que la trazó. MANUEL HERRERO Y ESPINOSA SEÑORES : L. /A PRENSA de Montevideo, sin distinción de ideas políticas, ni de nacionalidades, se sintió profundamente conmovida, cuando el alambre eléctrico, con concisión abrumadora, llevó hasta el alma de la patria la dolorosa nueva de la muerte del doctor Juan Carlos Gómez. Todas las resistencias que naturalmente engendra el homenage á un ser cuya vida entera fué de combate y de gigantesca lucha, se acallaron para dejar que la personalidad del hombre de talento indiscutible, del que fué honra de las letras orientales, se levantara radiosa en la "ultima etapa de su historia. Es que en medio de todas las vicisitudes de nuestra azarosa vida política, á pesar de todos los contratiem- pos y contrastes que se han opuesto á la complicada elaboración de nuestra nacionalidad, los orientales profesamos, como ningún pueblo, el culto por los hom- bres de talento que han engrandecido la patria, sobre cuyos destinos y cuya integridad no hemos dudado jamás, ni en la hora de las más acerbas desgracias. Es ese sentimiento de admiración grandiosa, es esa sagrada idolatría, la que ha reunido en una sola mani- festación de dolor á la prensa de Montevideo, que ha querido tener una representación en este acto tristí- simo, para depositar su ofrenda sobre la tumba del — i6 — ilustre muerto.... Y aquí estamos, mensageros de la patria, lejos de cuyo sol y de cuyo suelo ha doblado su frente el luchador indomable, el publicista de las frases de acero^ el inspirado cantor de la libertad humana, el místico poeta de las grandes melancolías. Señores: No es éste el momento de bosquejar su vida, ni tampoco la ocasión de discutir sus ideales. La posteridad, que un poeta del norte representa alegóri- camente en una mujer de hielo, sabrá depurar sus actos de político y de hombre, señalándole su puesto en las responsabilidades del porvenir. Los que le hemos alcanzado y le conocimos en la nebulosa tarde de su existencia, cuando sólo guardaba en el alma las tristezas y las sombras que son herma- nas de la soledad del corazón, — los que lo vimos des- trozada ya su vieja armadura de combatey rota la lira de las cadencias heroicas, los que sólo hemos encon- trado su nombre resonando en el aire con la poderosa vibración de un astro que se rompe en mil pedazos, de un algo que se aniquila, de una vida que se acaba, veni- mos á darle el adiós postrero en la hora de su des- canso; el adiós postrero!.... al pronunciar estas palabras he creido oir un grito inmenso, que desde el lejano oriente lanza el pueblo natal que pide el derecho de guardar sus cenizas. — Es que para todos los orientales, sean cuales fueren sus ideas ó sus errores, hay tierra en qué dormir desde el Océano hasta el Cuarein y desde el Uruguay al Yaguaron. ¡Tierra argentina^ tierra hospitalaria que siempre has recibido con cariño á los que llegaban á tus playas en sus orfandades políticas, guarda por breve tiempo las heladas cenizas de nuestro gran compatriota! En el seno de la patria caben todas las disidencias — ella no distingue á unos de otros de sus hijos, sino por la gloria que le dieron ó la virtud que practicaron: — Juan Carlos Gómez, la tierra oriental, en el porvenir te espera. Dr. JUAN JOSÉ CASTRO SEÑORES: R< .ODEAMOS en este momento, señores, el féretfo que contiene los restos venerandos del distinguido publicista, jurisconsulto, hombre político y sincero y abnegado patriota, Dr. Don Juan Carlos Gómez, cuya memoria será imperecedera en ambas orillas del Plata. Su inteligencia y su corazón, estuvieron siempre del lado en que se luchaba por las grandes causas y la aplicación de la recta justicia, en sus más nobles ma- nifestaciones, mereciendo por ello las consideraciones de sus contemporáneos y el respeto cariñoso de las ge- neraciones que le sucedieron, á las cuales supo inculcar hasta los últimos dias de su vida las lecciones de su es- píritu cultivado y lo3 ejemplos de sus virtudes republi- canas. Joven aun, combatió con fe y decisión la ominosa tiranía que con todo su cortejo de sangre y de atraso se extendió sobre las dos Repúblicas del Plata, y contri- buyó á la gloriosa defensa de Montevideo, punto de par- tida y arranque de la Cruzada Libertadora que dio en tierra con el tirano Rosas. — i8 — Hombre de ideas elevadas y de principios políticos inquebrantables, profesó la religión del deber y del sa- crificio luchando esforzadamente por implantarlas, y ha podido contemplar á la República Argentina, luego de constituida y organizada por la acción y el concurso patriótico de todos sus buenos hijos, marchando con paso firme hacia su engrandecimiento y mayor perfec- cionamiento de sus instituciones. La Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, interpretando fielmente los sentimientos de esta última, ha nombrado una Comisión de su seno, de la cual formo parte, á fin de que manifieste en este acto, que siendo la memoria del Dr. Gómez tan justamente apreciada por los eminentes servicios que en diversas épocas le prestara á aquella con desinterés y abnega- ción completas, se asocia al duelo público que su sen- sible fallecimiento ha causado, y así me honro en ma- nifestarlo á su nombre. Dr. julio SÁNCHEZ VIAMONTE SEÑORES : E, fL Club Liberal^ del que formo parte, me ha honrado designándome para que lo represente en el acto de rendir el último homenage de afección y res- peto al que fué su Presidente y que ha continuado siendo siempre su jefe, el Dr. Don Juan Carlos Gómez. Cumpliendo, pues, con esta alta distinción, es que vengo con el corazón traspasado de dolor, á agregar una palabra más al coro que levanta su nombre hasta las cumbres á donde no llega el olvido. Señores: No voy á hacer una biografía del Dr. Gó- mez; otros mejor informados que yo la han hecho ya: quiero solo recordar que el Dr. Gómez, movido por no sé qué sujestiones de su conciencia é inspirado por no sé qué intuiciones del alma que revelaban á su inteligencia soñadora y profética el camino á recorrer por nuestros pueblos anhelosos de progresos, nos convocó en medio de esté incesante vaivén de nuestras instituciones polí- ticas, en esta oscilación continua de acciones y reaccio- nes que constituyen la vida misma, que es lucha en to- das las sociedades hispano-americanas, nos convocó, — 20 — digo, con el objeto de formar una asociación para de ese modo crear una fuerza impulsiva, destinada á rom- per las ligaduras que nos atan al pasado, cuando ese pasado se llama superstición, se llama fanatismo. Hay pensamientos que gozan de una fuerza prodi- giosa de atracción. Desde ese instante el Club Liberal quedó constituido; y hoy que el Dr. Gómez baja al se- pulcro, se cubre de duelo, aunque aliente la esperanza del destino que él le marcó. El porvenir decidirá del acierto de sus propósitos. Pero nosotros lloramos en él la pérdida del apóstol más caracterizado de nuestros principios, lloramos al jefe y compañero que daba entusiasmo al alma con el calor de su palabra heroica. El Dr. Gómez era uno de esos hombres escepciona- les que llegan á una edad avanzada con el corazón jo- ven, capaz de apasionarse por todo lo grande, noble y generoso. Jamás el escepticismo oscureció sus ideales. Ignoro si ha tenido momentos de desfallecimiento en su vida, pero es probable haya podido repetirá su final estas consoladoras palabras de un filósofo moderno: "Cada dia la justicia me ha parecido más santa, la libertad más bella, la palabra más sagrada, el arte más real, la realidad más artista, la poesía más verdadera, la verdad más poética, la naturaleza más divina, lo di- vino más natural." Señores: Es una verdad proclamada hoy por las cien- cias naturales que en el mundo físico no se aniquila un solo átomo de materia. En el mundo moral sucede otro tanto. El alma no se destruye — es la herencia de los que sobreviven. Cada uno de los que estamos aquí, reunidos al rede- dor del féretro de tan ilustre muerto conservará un re- cuerdo de las cualidades ó de los talentos del Dr. Gó- mez, pero el Club Liberal retendrá como un legado, la palabra de aliento que le dio vida. Paz en su tumba. Dr. JUAN V. LALANNE SEÑORES : IZjl Centro Jurídico ha querido asociarse al duelo público y ha encargado á uno de sus miembros que venga á rendir el último homenage al que fué en vida uno de sus socios honorarios. Nombrado recientemente Catedrático de Filosofía del derecho, la joven asociación le incorporó á su seno buscando en él el apoyo sólido de la experiencia y del saber, unidos al ejemplo de una existencia continua- mente dedicada á la consecución del bien. Resuena aún en nuestros oidos, señores, la palabra austera del anciano. En la cátedra, llena todavía de los recuerdos del otro maestro desaparecido, ergíase la fi- gura venerable del doctor Juan Carlos Gómez quien predicaba con el acento sincero de la convicción íntima la noble religión del deber, y analizaba con severidad la marcha de las naciones y el espíritu del siglo, anate- matizando la corrupción dominante en el mundo y afer- rándose, con la desesperación del náufrago, á su ideal artístico puesto en peligro, sino destruido por las nue- vas escuelas literarias. Era el canto del Cisne! — 22 El maestro rechazaba las manifestaciones del arte nuevo, sin reparar que él nos acerca á la verdad y que no es sino un producto de la tendencia científica, que conduce á la destrucción de lo desconocido y á la expresión cabal de la realidad. Todos los nuevos sis- temas tienen en sus comienzos las exageraciones pro- pias del arranque primero y de los obstáculos que tra- ban su marcha. Más tarde, una vez triunfantes, cuajan sus frutos verdaderos, sazonados, hijos de la savia pu- ra antes enturbiada momentáneamente por los acci- dentes comunes del desarrollo. La escuela naturalista, como ha dicho su apóstol, nos conducirá á un clasicis- mo reformado. Sea de esto lo que fuere, la personalidad del ilustre muerto se destaca siempre, fundida en el molde de los varones griegos, que unían á la cultura del espíritu y al gusto refinado de las artes, la energía y el temple de las almas capaces de las grandes acciones. Su virilidad jamás pagó tributo á la flaqueza humana, y su acento tuvo siempre la entonación profética del patriota que lo sacrifica todo en aras de sus convicciones. Y unido á to- do esto un carácter blando y un alma de poeta, que en la hora suprema se ocupó de la última vestidura y del último hecho que deseaba para su cuerpo; — una sába- na blanca y un féretro de pino, símbolos de la pureza y de la sencillez de sus costumbres espartanas. Fué espíritu de ideas avanzadas, y nada pudo hacer- le cejar en su filosofía propia, practicada siempre con la noble austeridad de un deber; .y su alma templada para la lucha como para los dulces goces de la afección y del arte, dio ejemplo de una rara constancia y de una entereza que llegó hasta el desprecio de la vida. Su voz era, quizá, la única, señores, que se alzaba para protestar contra la relajación de los nobles resor- tes del patriotismo, que en estos últimos tiempos inva- de todas las esferas, cunde en todos los espíritus, afloja todos los caracteres y amenaza conducirnos por cami- — sa- nos extraviados, á un fin incierto y sombrío. Sírvanos de estímulo y de preservativo la figura del maestro que á tiempo nos mostró, con dedo severo, el rumbo equivo- cado que seguíamos. Sus conferencias en la Facultad de Derecho no deben ser para nosotros palabras vanas de protesta inútil: recojamos como piadosa herencia la lección que de ellas se desprende. Señores: El que lloramos todos, abandonó este mun- do en el aniversario de nuestra emancipación política. Pocas horas después déla saudade ese sol que. dora nuestra bandera y que las baterías saludan alborozadas con su voz potente y bronca, prolongada por el eco; después que las voces inocentes de la infancia que se educa entonan al pié de la Pirámide el inspirado canto nacional, él cerró los ojos á la vida pasando al mundo misterioso de la muerte. Sus últimos instantes se en- grandecen con el cuadro. Perece el dia en que celebra- mos la independencia de este pedazo de suelo america- no, sin divisiones, unidas las dos repúblicas hermanas que en su sueño de patriota formaban siempre una sola patria. Paz en su tumba. Está bien aquí, á donde le ha acompañado el cariño y el dolor público. Reposará tranquilo teniendo fuera de este recinto el bullicio y el hormigueo de las gentes que representan la agitación y la lucha que él amaba: — Allá, el ancho rio, cuyas olas besan con amor las ribe- ras de las dos naciones que eran su patria; y oirá con frecuencia elevarse de esa torre las vibraciones del bron- ce que acompañarán ^ las regiones ignotas su alma de poeta, cumplido el deseo expresado en aquéllos tiernos versos á la madre: — quítame un poco del mal que sé — Despojado de su envoltura humana no queda sino su imagen austera y su alto ejemplo que recogemos noso- tros, sus discípulos, como un legado que nos corresponde. Adiós, maestro! Que la tierra sea leve á vuestros res- tos amados que quedan incorporados al suelo argentino y que la piedad y el cariño vendrán á cubrir de flores! Dr. MARIANO VÁRELA SEÑORES.- L /A NATURALEZA está empeñada en recordarnos á cada paso la inflexibilidad de sus leyes, y si la razón pudiese admitir la existencia de un ser imperecedero, que rige constantemente los destinos de la humanidad; cómo tendríamos que acusarle de egoista y mezquino, al encontramos frente á frente de uno de estos muer- tos que han vivido para enseñarnos á comprender la dignidad propia á amar todo lo que es grande, todo lo que es noble, todo lo que es bello sobre la tierra! No debieran morir jamás, los hombres que llevan en el cerebro, chispas que irradian su brillo en el espacio y alumbran la conciencia de los otros, sirviendo de fa- ros á los pueblos para encaminarlos á grandes destinos. Y, sin embargo, se mueren; se mueren, como Juan Carlos Gómez, produciendo un sacudimiento social que se revela en estas manifestaciones espontáneas del sen- timiento público que llegan hasta el borde de la tumba. Es la única satisfacción que nos queda á los que sa- bemos apreciar el valor de las almas grandes, de las cabezas poderosas, ver como los pueblos levantan en — 25 — sus afectos á los que tienen mérito propio aunque su- cumban en la humildad y la pobreza. Y la superioridad se impone, señores, se impone de tai modo que cuando se abate para siempre una cabeza poderosa como esta, el espíritu que se desprende del cuerpo inerte, es imán que arrastra hasta la puerta del sepulcro de los grandes, á los mismos que buscaran en la vida amarga con sus hechos la existencia de los que como Juan Carlos Gómez hacen de la libertad un culto, y del derecho y la justicia el ideal de sus aspiraciones. Dos pueblos enlutados lloran este muerto, dos pue- blos que él habia confundido en sus afectos, y que en el exceso de su cariño queria convertir en uno sólo pa- ra magnificar la grandeza dé los doís, y derrumbar las barreras de nacionalidad que los separa. Puede decirse que en este pensamiento tan grande como su alma, tenia parte principal el egoismo del que habia puesto su cabeza privilegiada y todas las fuerzas de sus convicciones al servició de orientales y argenti- nos, vinculados á su corazón los unos por el nacimiento, los otros por los lazos que se crean cuando se ha con- sumido con ellos la mitad de la vida. Juan Carlos Gómez ha sido un batallador incansable y su figura se destaca entre todos lois periodistas del Rio de la Plata por lo atrevido de sus pensamientos, por la virilidad de su frase, por el brillo de su palabra. Era en la prensa un adversario terrible: un coloso que derrumbaba cuanto encontraba á su paso. La libertad délas Repúblicas del Plata le debe mu- chos de sus mejores dias. Y aquel hombre, señores, con alma de acero para afrontar á los déspotas y á los explotadores de los pue- blos, tenia una sensibilidad extremada, una ternura en sus sentimientos, una delicadeza en sus maneras, tanta suavidad en su conjunto, que avasallaba y seducía á los espíritus. Era un león, con alma de poeta. — 26 — Si en los salones sociales se discernieran coronas á. los que se llevan la palma por la cultura y el encanto de su trato, esta frente bajaría al sepulcro coronada! Pero donde era más grande Juan Carlos Gómez, que como partidista y como hombre de sociedad, era como amigo. La sinceridad y la lealtad, eran en él caracterís- ticas. He puesto á prueba esta condición relevante que se- ñalo y puedo atestiguar personalmente que el ¡Doctor Gómez no olvidaba jamás los deberes que la amistad impone. En los dias de borrasca para mi espíritu, le he eneon* trado siempre á mi lado enseñándome con su ejemplo á sobrellevar los golpes tremendos que el destino me ha asestado. Jamás, ha vacilado en su amistad. ¡Cuántos de los que rodean esta tumba pueden decir como yo que era Juan Carlos Gómez el tipo más acaba* do del amigo! Permitidme entonces, señores, que dé espansion á mis sentimientos, declarando en medio de los sepail* cros que me rodean, que dejo en esta tumba una parte muy imfíortante de mis afecciones íntimas, que voy á encontrar en adelante un vacío difícil de llenar, cuando busque fuera de mi hogar la palabra fortaleciente del amigo de treinta y dos añosl Le he acompañado en su agonía; y cuando he visto la entereza con que ha soportado el martirio de veinte horas de angustias, he comprendido que almas como la de Juan Carlos Gómez no se abaten jamás. Ha, luchado con la muerte con la misma valentía con que luchaba con sus adversarios en la vida. Diiefio absoluto de su inteligencia hasta el último instante, expresaba en su mirada lánguida la amargura de su dolor al verse rodeado de seres queridos, de los que se separaba para siempre, y buscaba agitando sus manos convulsivas é incorporándose en el lecho del do- — 27 — lor, el aire que faltaba á sus pulmones y que se le esca- paba, porque la energía más varonil no puede dar for- ma tangible á lo que se cierne en el espacio. La muerte ha cantado victoria, señores, porque ha tenido por aliado las leyes inflexibles de la naturaleza; pero el alma de Juan Carlos Gómez no se vá de nos- otros. Vivirá para alentarnos en el ejemplo del hombrea quien dio animación y vida; vivirá para enseñarnos á odiar á los tiranos y amar la libertad: vivirá para ense- ñarnos á amar todo lo que es grande, todo lo que es noble, todo lo que es bello. Adiós querido amigo mió! Si hay fortuna en la desgracia, yo la he tenido al es- cuchar el último latido »ie tu corazón que han agitado sentimientos tan grandes y tan dignos. En ese mundo desconocido para nosotros^ donde ha penetrado tu espíritu, vas á encontrar el alma de mi padre, cuya memoria honraste en la vida; vas á encon- trar el alma de mi hijo que lloraste, mezclando tus lá- grimas con las mias y las de todos los que se cobijan en mi hogar, que te las devuelven, mezclando tu nombre á sus plegarias y derramando flores sobre tu tumba. Adiós, Juan Carlos, el más leal, el más sincero de los amigosl CEFERINO M. ARAUJO SEÑORES: u, NO más que cae en la lucha! El viejo atleta de la libertad, el cantor inspirado de ese ideal que no con- siguió ver realizado, acaba de sucumbir al peso de la desgracia que en los últimos momentos de su vida se posara sobre su hogar agostando los latidos de un co- razón generoso que un dia palpitara por todp lo grande y noble, herencia de las almas privilegiadas. La vida del Dr. Gómez está marcada paso á paso por los resplandores que el genio deja en pos de sí en su peregrinación por el mundo. Joven aun, arrojado de su patria por las vicisitudes de la política, va á desplegar nuevos bríos en el destierro luchando por los principios que formaron su credo. En Rio de Janeiro y en Valpa- raíso, en Buenos Aires y nuevamente en su patria, está de pié, retando á la tiranía y fustigando con el látigo déla justicia en las columnas de la prensa á los que doblaban la frente en aras de los d:s<- trero en los bordes del sepulcro, se encuentran algunos de tus compañeros en las luchas políticas en que bata- llamos en todos los terrenos por la radicación de las ins-" tituciones libres que constituyeron el programa de la gran revolución de la Independencia Americana y que encontraron en tu noble carácter y en tu preclaro talen- to, un apóstol para doctrinarlas y defenderlas con noble y abnegada perseverancia. La corriente de los sucesos ha tomado un curso muy distinto del que marcaba el ideal de nuestras aspiracio- nes patrióticas. Los hombres de tu época que te sobre- vivimos, vacilamos en nuestra fe por el triunfo definitivo de las instituciones verdaderamente republicanas, de- mocráticas y libres; y tu, Gómez, has sido de los prime- ros en vislumbrar con tu ojo de Genio la decadencia mo- ral que habría de desviarnos del gran ideal de nuestros precursores, en las luchas por la Libertad! Aquí mismo, señores, honrando con su sonora pala- bra la memoria de uno de los ciudadanos argentinos _ 32 — que podía él llamar correligionario de la misma causa, lanzaba el Doctor Gómez un gemido de su pesadumbre y desencanto que ya lo dominaba. Con la expresión del más profundo dolor pronunciaba entonces al borde del sepulcro de aquel ciudadano argentino estas sentidas palabras: "Los hombres de la época homérica de la In- dependencia, con sus ochenta años, el rostro entero, las facciones frescas bajo las canas, han ido bajando á la tumba con la sonrisa en los labios — Los hombres de la época de la Libertad, han ido sucumbiendo casi al mis- mo tiempo, én medio de la vida, con el semblante triste y el aspecto de la fatiga y de la tristeza" Así se anticipaba Gómez á vaticinar la situación de su ánimo al llegarle también á él la hora de bajar al se- pulcro. Gómez: tus antiguos compañeros de lucha aquí pre- sentes te seguirán por el mismo camino, lanzando' su último suspiro de esperanza en las generaciones veni- deras. I>R. JUAN CARLOS BLANCO SEÑORES. Y< O no traigo un?t voz robusta y vibtrante de entu- siasmo, como en los dias de las grande^ eaperaujsas que inflaman el corazón y levantan la mente; sino un eco del dolor que estremece á dos pueblos y que á mí me agobia y me doblega por el culto individual, íntimo, profesado á la alta personalidad rendida, desde mis pri- meras dedicaciones y las primeras vislumbres de mi es^ píritu. Sí, yo no soy hombre de palabra; yo no aspiro á la elocuencia para hablar del honor, de la patria, de las virtudes cívicas, después que están sellados los labios de Juan Carlos Gómez! Por eso leo estas pajinas arran- cadas á las agitaciones del insomnio. Me parece ámí — que nada significo y que .nada he hecho de duradero — pero que he luchado qn nuestra desgarradora vida política, que he llevado á las filas de los abnegados combatientes, todo mi ardor, todo mi en tusiasmo, toda la savia de mis juveniles años, me pa- rece. á mi Estaba en su propio país en las esferas más altas del debate como polemista ó como literato. Pero fué Buenos Aires el teatro de su nías vasto des- arrollo intelectual, h;iciéndose el representante más fe- cundo del orden de ( osas preponderante en la Provincia, Nadie lo superó en el dominio de la opinión, conmo- vido por el empuje de su palabra y la fascinación colo- rida de su dialéctica siempre tocante. Llenó su época df. combate. Cuando el giro de los sucesos, la templanza de los ánimos , la necesidad y el convencimiento de una solución lógica en la organización y en la unidad del país, fueron un designio supremo, el doctor Gómez se recogió bajo el imperio invencible de los destinos providenciales. Nuevos rumbos, corrientes de paz y de unidad tenian que atraer á las inteligencias trascendentales, y el doc- tor Gómez puso sus aptitudes y su talento profesional en el concurso de los intereses morales del país, acep- tando y rigiendo una cátedra universitaria rodeado de las simpatías de sus discípulos. Los espíritus activos no pueden permanecer estacio- narios, ni agostarse en medio de los intereses sociales que se agitan en sentidos altos. El reposo y la experiencia le deparaban un lugar útil y altamente honroso al doctor Gómez, en una época de complementos, propicia á las aspiraciones de la educa- ción y de la ciencia, que entraba á ser la preocupación suprema de las generaciones nuevas. 10 — 74 — En esta noble tarea de su vida lo ha sorprendido de .pronto la muerta Muere llorado, y cierran su tumba tranquila muchas manos amigas. Ha dado ala sociedad en que ha vivido la savia de su espíritu; le dá á la naturaleza lo que no puede ne- garle. Desaparece un miembro vigoroso de la prensa, un cultivador feliz de la literatura y del arte, una inteligen- cia del foro, una personalidad muy generalmente esti- mada; y nos asociamos á este duelo sinceramente con respeto y con pesar. La Tribuna Nacional. JH/L DOCTOR Gómez ha muerto pobre, casi en la miseria, apesar de sus brillantes cualidades como hom- bre público y como ciudadano. Virtuoso y austero hasta la severidad, es un ejemplo digno de citarse en medio de la general corrupción que parece infiltrarse en el seno de nuestras sociedades. Muchos cargos públicos ha desempeñado el doctor Gómez en nuestro país, conduciéndose siempre con una moralidad intachable. El predicaba la virtud con el ejem- plo. Nacido en la otra orilla, oriental por nacimiento, era argentino por sus vinculaciones á esta patria que para él fué siempre "la patria grande" Como periodista, su pluma incorruptible ha estado siempre al servicio de las causas grandes y generosas, de la causa del progreso y de la libertad. Compañero y amigo de todos los hombres eminentes que han batallado en los momentos supremos por las -76- libertades del Rio déla Plata, se ha conservado entre ellos el más pobre, el más humilde, y el que menos be- neficios cosechó después de gariada la victoria. El doctor Gómez es una de las figuras más modestas y más luminosas del Rio de la Plata. Apóstol infatigable de la libertad y del derecho, ha caido rendido en la jornada, lamentándose de no ver realizados los anhelos supremos de su corazón. La libertad ha tenido un eclipse, solía decir tristemen- te, y hemos luchado tanto! No estamos estacionarios siquiera — retrogradamos: veo asomar el bizantinismo en reemplazo de las libertades civiles y de los principios democráticos porque hemos combatido, y que cuesta tantas lágrimas y sangre. El doctor Gómez era partidario de la anexión del Es- tado Oriental á la República Argentina. La independen- cia de sus opiniones y la energía con que. sostuvo siem- pre este principio, le acarreó el desafecto y en no pocos casos el odio de sus compatriotas. El doctor Gómez siempre fué un proscripto. Últimamente parecia descorazonado en vista del rum- bo que tomaba la política argentina y parece que habia flaqueado algún tanto en sus opiniones. Ese no era su ideal. La muerte de Juan Carlos Gómez, hoy que la tum- ba acalla todos los rencores y todos los resentimien- tos, será igualmente sentida en ambas orillas del Plata, donde tiene infinitos admiradores. La sociedad argentina, la sociedad de Buenos Aires, sobre todo, lamentará profundamente la ptlrdida de uno de sus miembros más apreciados, que durante treinta años ha trabajado con incesante afán en todas las esfe- ras de actividad de un pueblo civilizado. La Patria Argentina, EL Dr. JUAN CARLOS GÓMEZ H, .A MUERTO ayer á los 64 años de edad el doctor Juan Carlos Gómez. El noble y austero defensor y cantor de las libertades en esta fracción del continente americano, ha caido, lle- gado al término de la amarga y fatigosa carrera, en el aniversario del primer dia de vida libre de estos pueblos. Allá vamos ! decia no hace mucho, llorando sobre la tumba de un amigo y compañero de otros tiempos; y allá ha ido, precediendo á los menos, y siguiendo á los más de su generación, con la tranquilidad del justo, que ha llenado noblemente su misión sobre la tierra, con tristeza de las grandes decepciones, afectado por la pre- visión de dias dolorosos para los hombres libres. Era el doctor Gómez una inteligencia vigorosa y bri- llante, un polemista de pluma ardiente y fulgurante, de esas que deslumhran y anonadan; pero, sin destrozar, á veces hasta sin herir, al adversario. Sus Hojas Secas permanecerán por mucho tiempo frescas en la memoria y su defensa de Mazzini no morirá, mientras haya italianos y espíritus liberales en el Plata. Poeta de la escuela romántica, romántico fervoroso. -78- ha dejado junto á su canto A la libertad^ notas tristes, desahogos de alma dolorida, que los jóvenes y los viejos leen enternecidos. ^n Sin título y Al tiempo j quizás la mejor de sus com- posiciones, — se vé, como á través de un cristal transpa- rente, el alma melancólica, porque en el carácter del doctor Gómez habia quedado como sello de sus penas y decepciones, un fondo melancólico, que acentuaba su simpática fisonomía. El doctor Gómez ha sido ante todo y sobre todo, un idealista convencido, un propagandista modesto y des- interesado. Nadie ha hecho más que él entre nosotros por la cau^ sa liberal, tan expuesta á perderse en medio de la indi"» ferencia de este pueblo. Partidario de la anexión de su país á las provincias unidas, de que formara parte antes de que el caudillaje y la influencia, la ambición y los temores del Brasil, die- ran pábulo á ideas separatistas, el doctor Gómez, ha si- do el blanco de ataques iracundos; que ha soportado con la resignación del apóstol, aunque bien veia que en- tre- esas voces destempladas nacia y crecia y se hacia oir el odio de un pueblo ofuscado. Y sin embargo la víctima de esos odios amaba el sue- lo natal como amaba á la patria grande. Ahí está para probarlo toda una vida de pobreza, aceptada por un hombre que hubiera podido escalar con su talento los más altos puestos de la República, con sólo optar por la nacionalidad argentina, que era legalmente la suya, pues habia nacido en 1820. El hombre que sacrifica fortuna y honores y se acar- rea odios por la defensa de sus ideas, es digno por eso sólo de la consideración, del respeto y de la estima, que sus compatriotas empezaban á tributarle y de que hoy un núcleo distinguido de ellos dá una prueba, pidiendo desde la otra orilla el honor de presenciar la vuelta de sus despojos mortales á la madre tierra. — 79 — La justicia tarda, pero al fin llega. El doctor Gómez, muere, pues, rodeado de respeto y simpatía universales, muere querido, legando á las ge- neraciones del porvenir un ejemplo de austeridad que seguir, y á las generaciones actuales el sentimiento de pérdida tan irreparable. De él puede decirse que si muere sin dejar ligado su nombre á grandes obras, fué porque el destino adverso no lo quiso; pero, que las ideas fecundas de progreso y libertad en su evolución por esta tierra americana, pres- tarán á su nombre algo de su esencia inmortal. Ha sem- brado para que otros protejan la simiente y recojan la cosecha. Era un varón justo. Vir fortior et bonus. Así lo ha reconocido la mejor y más distinguida par- te de esta sociedad que se prepara á cumplir conmovi- da con el último deber^ acompañando sus restos hasta la última morada. ¡ Qué la tierra le sea leve ! ¡ Recuerdo eterno y cariñoso para su memoria ! La Libertad.- JUAN CARLOS GÓMEZ R -ARA vez la desaparición de un hombre, que no es un encumbrado funcionario público, que no es una alta influencia política, que ni siquiera fué ciudadano del país en que sus ojos se cerraron para no abrirse más, ha de tener el privilegio de interesar tan profundamente á la sociedad en sus clases más elevadas é ilustradas, como la del que fué Juan Carlos Gómez. En ese hecho social brilla la justicia postuma tributa- da al talento, puesto al servicio de un espíritu fuerte, consagrado al culto de las virtudes republicanas. El doctor Gómez fué uno de esos privile/jiados que nacen dotados con los dones generosos que Dios prodi- ga como emblemas de la grandeza de su obra, y que mueren considerados por todos, sembrando el pesar en los que le sobreviven. El muerto fué un jurisconsulto eminente, un tribuno fogoso, un periodista tan brillante como fecundo, un fi- lósofo audaz, cuyas ideas cobraban mayores bríos á me- dida que la adversidad recrudecía. En el Pacífico y en las dos orillas del Plata la — 8i — palabra y la plum.i, igualmente poderosas del doc- tor Gómez sirviero.i leal y virilmente á la causa de la libertad. Espíritu eminentemente lógico la dirección de su pen- samiento tuvo siempre un sólo rumbo, semejando al persistente andar de la locomotora sobre sus paralelas. Poseía los atributos misteriosos que engendran la po- pularidad, porque era franco, generoso y arrojado, y sin embargo, jamás se le vio abdicar de sus ideas ante los riesgos del amenguamiento de su prestigio en las mu- chedumbres. Su ideal era la unión argentino - uruguaya ; ren- díale culto en los altares de su conciencia y de sus más caras afecciones patrióticas, á despecho del daño que se hacía personalmente en el ánimo de sus com- patriotas. El doctor Gómez era ante todo un honrado convenci- do de buena fé,con carácter para mantenerse dentro de su credo y con poder intelectual para ponerse á la altu- ra de los primeros en la tribuna, en la prensa, en el foro y en el panfleto. Era un adversario formidable en la polémica: im- petuoso, brillante y razonador, avasallaba, pero en el calor de la lucha, en la que vivió como en su atmósfera vital, jamás dejó de ser hidalgo, caballe- resco, pertenecia á la corta y escojida familia de los espíritus superiores, cuya estincion es siempre una gran desgracia nacional. El periodismo del Rio de la Plata pierde uno de sus fundadores más preclaros, que contribuyó á encaminar- lo por la senda de su deber y de su alta misión de pro- greso, enseñándole desde el seno de la patria, como desde la expatriación, á odiar las tiranías y los conculca- mientos del principio republicano. Tal es, en breves palabras, el hombre que acaba de despedirse para siempre de la familia que lo amaba, de los amigos que lo apreciaban y de dos pueblos que han n — — 82 — crecido escuchando su voz de apóstol de la idea liberal y aprendiendo á estimarlo y respetarlo. ¡ Paz en la tumba del distinguido ciudadano uruguayo hijo adoptivo de esta República, que vivió amando á los dos países juntos y unidos bajo el mismo escudo y la misma bandera! La Prensa. JUAN CARLOS GÓMEZ RA un patriota de corazón que luchó siempre por la buena causa. Era un humanista que hizo converger su poder inte- lectual al orden más perfecto. Era un talento que dejó su rostro luminoso donde cruzó su pensamiento bello. Era un hombre de ciencia que enriqueció la doctrina con su observación robusta. • Era un poeta inspirado que hacia vibrar las cuerdas del corazón con la onda extremecida de su arpa. Era un orador que arrastraba en el giro irresistible de su palabra. Era un escritor que agitó su vida con poder inmenso en las páginas más brillantes de la prensa. Su nombre se hizo admirar por dos generaciones, y su atmósfera toda saturada de emanaciones nobles, tocaba despertando los cariños. Era honrado, era bueno, era una inteligencia como po- cas y efa valiente. Todo eso se ha apagado ya, en el rayo de sus ojos -84- muertos, todo eso se ha caído en el manso abatimiento de su frente helada. Su cráneo ya no funciona. Sólo que- da su nombre, y su nombre es un ejemplo, su nombre que evoca todo el recuerdo de su vida. Hay herencias más grandes que las del dinero — ^las de la obra. Gómez nos lo deja á todos. Al recogerla, hacemos el tributo de verdad más grande, con la más grande pena por el muerto. La noticia de su fallecimiento^ ocurrido á las lo de la mañana, circuló inmediatamente por toda la ciudad. De un año á esta parte los amigos del doctor Gómez lo vieron paulatinamente enflaquecer, atribuyendo esta circunstancia á su avanzada edad y más tarde á la muer- te de su hermano José Cándido, que lo habia afectado hondamente. Hace cuatro meses, bajando las escaleras del Club Progreso, del que era Presidente, resbaló cayendo, gol- pe que le produjo una contusión en la cabeza y algunos dolores en el ilíaco izquierdo. Permaneció sin sentido más de una hora y vuelto en sí no pudo efectuar movi- miento alguno hasta las dos ó tres horas. Diez ó quince dias después empezaba á sufrir dolo- res reumáticos — que ya en otra época lo habian aque- jado — permaneciendo así mes y medio próximamente sin sujetarse á un tratamiento regular. En los primeros dias de Abril, bastante malo ya, de- terminó hacerse asistir por el doctor don Florentino Or- tega, y un mes más tarde desaparecían todos los sínto- mas de la enfermedad. Pasado algún tiempo aparecieron complicaciones de varios órganos importantes; como el corazón,, los pul- mones, el hígado y los ríñones, sufriendo á la vez dos ataques de congestión cerebral. ' -85- El doctor Ortega pidió entonces junta de médicos y fueron llamados los doctores Montes de Oca y Araoz, los que lo asistían desde el primero del corriente, habién- dose agregado en los últimos diez dias el doctor Gil. Próximamente veinte horas duró su agonía que ha sido como se comprenderá muy penosa, y ayer á las lo a. m. dejó de existir en los brazos de su yerno el señor Livingston, la esposa de éste, hija suya, el doctor Ma- riano Várela y dos ó tres amigos más. El General Mitre estuvo á su lado hasta la una de la mañana, habiéndose retirado momentos antes el doctor Jardim, su íntimo amigo, el que no se ha separado un sólo instante de su lecho en los últimos dias de su en- fermedad. Inmediatamente que se tuvo conocimiento en el Club Progreso, de la infausta nueva, se procedió á la reunión de los miembros de L Comisión Directiva acordándose, invitar á todos los socios para asistir al local de aquel, con el fin de concurrir en corporación al entierro que debia tener lugar hoy á las tres de la tarde. Se telegrafió además á Montevideo donde se cele- braba la colación de grados en la Universidad Mayor, cuando se supo la noticia. El doctor don José Pedro Ramírez Rector de la Uni- versidad, leyó entonces el telegrama que causó conster- nación general, resolviéndose suspender el acto que se realizaba, en manifestación de duelo y contestar la co- municación recibida con otra en la que se pide con insis- tencia, la suspensión del entierro hasta mañana, para poder asistir á él, pues se tropezaba con el inconvenien- te de no tener vapor que permitiera efectuar el embar- que en dia domingo. Hasta última hora se produjeron infinidad de telegra- mas que solicitaban lo mismoy consultados entonces los Facultativos, fueron estos de opinión favorable á aquel pedido por creer que no se halla muy adelantada la des- composición del cadáver y que con inyecciones podrían — 86 — detenerse bien los efectos de ésta, razón por la que el entierro ha quedado suspendido hasta mañana á las 12. En Montevideo se preparan muchísimas personas pa- ra venir al entierro. Vienen entre ellas: José Pedro y Carlos María Ramí- rez, Juan Carlos Blanco, Herrero y Espinosa, José Cán- dido Bustamante y muchos jóvenes estudiantes que sienten por Juan Carlos Gómez la veneración que mere- cieron siempre el talento y las virtudes. Durante el dia y la noche de ayer, la casa del señor Livingston. Independencia 148, que es donde se en- cuentra el féretro, ha estado concurrídísima, notándose entre los asistentes muchos miembros importantes del partido liberal. Sabemos que los afiliados á la idea de la fundación aquí de un centro social Uruguayo, asistirán también en corporación en señal de duelo por su compatriota y por el que habian elegido su Presidente en la primera reu- nión preparatoria. Hé aquí la invitación que se nos remite: " Se invita á los señores socios á concurrir al local del Club, mañana martes 26 á las 1 1 a. m. para de allí asis- tir reunidos al entierro del señor doctor don Juan Carlos Gómez, Presidente del mismo. La Comisión Directiva, Del Club del Progreso. La Crónica. Dr. Dn. JUAN CARLOS GÓMEZ JL ALLECIO ayer el doctor don Juan Carlos Gómez á los 64 años de edad. Mona en las primeras horas del dia, aniversario de Mayo, día que hubiera elegido si en la mano del hombre estuviera marcar el término de su vida. Rodeado en su lecho de agonía por la estimación y el sentimiento de todos los que lo conocieron, esperó su último momento con la entereza y tranquilidad del que en paz con su conciencia, vé en la muerte el fin de una jornada, donde se alcanza el reposo tras fatigosa vida. Nacido en Montevideo, fué conocido y respetado en las dos orillas del Plata, y los azares de la vida en épo- ca luctuosa llevaron su nombre al otro lado de los An- des, donde aún se le recuerda y se le considera. . No es sobre el borde de su tumba, ni al dia siguiente de su muerte, donde puede oirse el juicio sobre la vida de un hombre, pero á pesar de ello suele suceder á la última hora, uno de esos juicios, expresión más de un sentimiento uuánime que de un estudio detenido, que marcan con profunda verdad el rasgo saliente de una existencia. — 88 — El doctor Gómez ha muerto de una afección al cora- zón, probando una vez más lo que ya tantas veces se ha repetido de que el hombre muere de lo que ha vivido. Como hombre político, como literato, como poeta, en la vida social y en la amistad íntima, era el sentimiento lo que lo dominaba, lo conducía, inspiraba ó vinculaba. Era uno de esos hombres nacidos con alas en vez de brazos, que se levantan sobre las miserias de la vida, y llegan á perder de vista la realidad con tus espinao y tropiezos, viviendo en una atmósfera que linda con la región del idealismo y la utopía, pero que suelen ver tam bien desde las alturas, el abismo donde conduce una senda extraviada. Son guias que obligan á levantar la mirada y marcan una ruta que se puede seguir sin abandonar la tierra, como el marino se guía al través de los escollos, miran- do una estrella. Durante la tiranía y después de su caida, consagró todas las fuerzas de su alma al triunfo de las ideas libe- rales en el Rio de la Plata, con fé y energía inquebran- table; llegó á ocupar los puestos más distinguidos y lle- vó al retiro de la vida privada, el consuelo de haber obrado siempre con ánimo recto y móviles elevados. La pobreza que lo rodeaba era su aureola. Honrado, austero, noble y generoso, si defectos tuvo, fué solo exagerando sus grandes cualidades y como po- lítico y literato perteneció á aquella escuela que lleva por lema las palabras de Quintiliano. "Pectus est quod disertum facit" La tierra Argentina que él amaba á la par de la pro; pia patria cubrirá sus restos mortales, y probará con el recuerdo, que no es ingrata al constante anhelo de los que dedican á su grandeza y prosperidad los esfuerzos de su vida. El Sud A mértca. JUAN CARLOS GÓMEZ C, 'UANDO el pueblo reunido en la Plaza de la Victo- ria conmemoraba el más glorioso de sus aniversarios, rendia su último aliento uno de los propagadores más inteligentes del dogma de la revolución de Mayo — El alma del doctor Juan Carlos Gómez se remontaba á la región de perpetuas auroras — La antigüedad habria contemplado en la coincidencia de esta muerte con esa efeméride el signo del destino de aquellos predilectos que vienen al mundo ó parten de él en el momento de la victoria ó de inmarcesibles recuerdos. Los Republicanos de América recibirán con sensibili- dad la noticia de su desaparición de una escena que ha ocupado por largo espacio con brillo escepcional. Más, para acrisolar el mérito de un hombre, ó la im- portancia de su labor en la vida, es menester tomar en cuenta su tiempo y sus medios de acción — Tocaron á Gómez las más ásperas pruebas. Ausentándose de sus hogares envueltos* en llamas que parecian inextinguibles, y amagados por una tiranía que extendia su brazo sobre las dos márgenes del Rio ■ — ' ' ' ' ' — - — -s — — 90 — de la Plata, buscó más allá de los Andes tierra más pro- picia. Pasó en Chile algunos años de su juventud, y allí di- rigiendo siempre la vista á las riberas nativas, dejó en la sociedad de aquel país, y en nuestros compatriotas proscriptos como él, un recuerdo grato de su actividad intelectual. Ya desd e antes de su larga peregrinación, habia sido celebrado entre sus amigos por el giro atrevido de su fantasía, afiliándose resueltamente bajo las banderas multicolores de la escuela romántica. Entretanto, la situación de las Repúblicas del Sud cautivaba más poderosamente su atención. Su espíritu que parecía conservar los fuertes aromas, y la esencia del ambiente oriental, era idólatra de la li- bertad — El, que ciertamente no fué inservible á la hu- mana beldad, aspiró siempre á la perfecta belleza de otro ideal, superior á la imperfección impresa sobre to- das las obras de la criatura mortal. De ahí algunas utopías que sirvieron de arma á sus adversarios para combatirle, y de ahí también su entu- siasmo, su constancia y su fé al sostener en sus arengas en sus escritos, en sus relaciones sociales las creencias políticas, y las vistas sobre el gobierno de que no ha declinado jamás. Gómez tuvo los mejores rasgos del carácter de Maz- zini, pero sin el tinte sombrío de este agitador de la Ita- lia moderna. Nuestro Americano, si hubiese nacido en la Repú- blica Romana habria sido tribuno del pueblo como los Gracos, ó retirádose con la plebe á la cima del Monte Aventino, protestando contra el egoismo ó el orgullo de los patricios. Pero si remontando la corriente de las edades le fi- gurásemos como hijo de At/^nas, habria meditado con los filósofos del Pórtico, sobre la felicidad de los hom- — 91 — bres, ó asociádose á las fiestas de los Genios y de las Gracias. Las prendas del corazón son las que determinan los afectos de la posteridad á ciertos seres. Las de Gómez fueron de alto relieve. Fué caloroso en la amistad, desinteresado, fuerte pa- ra luchar con la injusticia, defensor ardiente de las ideas y de los sentimientos que exijen abnegación más gene- rosa. Vemos con satisfacción que el Gobierno de la Repú- blica del Uruguay se asocia, al pesar de sus conciuda- danos, por la pérdida de tan distinguido Oriental. Bien merece este homenaje el queí=iempre rindió cul- to á la Patria y á la virtud. Los Tiempos. EL Dr. Dn. JUAN CARLOS GÓMEZ JL-'L viejo é incansable adalid del periodismo ame- ricano — el maestro y el apóstol — el publicista y el escri tor, el estadista y el orador más distinguido; — el pensa- dor de la democracia que en su pá?tria y en el destierro luchara por la realización del propósito que germinaba en su prodigioso cerebro — la anexión de la República Oriental á la Argentina — decendió ayer á las diez y me- dia de la mañana al reposo eterno de la muerte, después de una cruel y dolorosa agonía. Podemos afirmar que ha muerto un hombre de virtu- des excepcionales que ha rendido toda su vida ferviente culto al civismo y abnegación, llevando á su sepulcro un dolor tal vez mayor que el que le ha producido la agonía de su muerte; — la desgraciada situación política de su patria, la República Oriental, desangrada por el odio y la venganza de sus gobiernos personales ! El doctor Gómez era un batallador incansable de la ¡dea, alejado de la acción para consagrarse á las predi- caciones del más acendrado patriotismo. Nuestra pren- sa, como la del Estado Oriental y Chile, le ha contado — 93 — como el escritor más vigoroso, de vistas y pensamientos más profundos, fustigando y combatiendo siempre la tiranía y el fanatismo religioso. El clericalismo tenia en él, en el Rio de la Plata, el enemigo más tenaz, porque ha sido el único tal vez — que no ha decaído un sólo instante en la propaganda li- beral, contra los que han pretendido hacer predominar ante todo, los dogmas y sus creencias para estrechar los límites de la conciencia humana. El respeto y la consideración le rodeaba con esa pro- minencia que sólo adquieren las figuras en cuyo cerebro domina el talento. Inútil nos parece pues, porque todos le conocíamos — detenernos á bosquejar los rasgos más culminantes de su vida, considerado en las fases diver- sas en que siempre se ha encontrado como incansable adalid de la democracia. Sentimos en el alma, pero acojemos con resignación la voluntad suprema que abre en dia tan glorioso como ayer — las puertas de la muerte para recibir los restos queridos del filósofo y el maestro más sincero de la idea república. * Paz eterna en su tumba ! La República, EL Dr. JUAN CARLOS GÓMEZ L> f\ GENERACIÓN de SU tiempo le contaba entre los primeros por la palabra y por la acción, la que le se- guia, le respetaba y le quería por los ejemplos cívicos que habia dado. Era el primer periodista del Rio de la Plata. Su palabra vibrante en la prensa, repercute aún en el alma de los que lo siguieron en ese campo de batalla diario, donde no se muere sino á veces, pero que requie- re más fortaleza de espíritu que lo necesario para ser héroe bajo las tiendas de los campamentos. Fué en 1856 que Juan Carlos Gómez, llegó sobre todo á la mayor altura á que puede llegar un publicista. Dos fracciones del partido unitario aspiraban á dirijir al país. La una creía en la necesidad de transar con los ele- mentos federales de entonces. Alsina, Mitre, Sarmiento Tejedor, Marmol, la acaudillaban. La otra en notable minoría, quería la lucha sin tran- sacciones. 95 Juan Carlos Gómez recien llegado á Buenos Aires era su leader. Una reunión en el Coliseo tuvo por objeto dar el triunfo á la primera ¡dea. Juan Carlos Gómez tomó entonces en sus manos El NacionaL En sus columnas derramó toda su alma de fuego. "La historia de nuestras desgracias, dijo, es la histo- ria de nuestras transacciones". Y alzando en alto esa bandera, sólo; casi completa- mente sólo, electrizó á la juventud de Buenos Aires y concluyó por atraer á su bandera á Mitre, á Tejedor, á Sarmiento. Jamás un diario influyó más en un pueblo. La propaganda de El Nacional trajo las elecciones famosas del 57, trajo á Cepeda y como consecuencia á Pavón. Juan Carlos Gómez fué la personificación más acaba- da de un partido político y el foco de grandes pasiones populares. Sin él el partido unitario habria seguido otros rumbos y la marcha del país hubiera sido otra, tal vez mejor, tal vez peor, no lo sabemos — consignamos el hecho his- tórico y señalamos á su autor. Na era hombre solamente de palabra, Juan Carlos Gómez— era hombre de convicciones. Por ellas se batió con Calvo, el famoso tirador Calvo, que no supo ni dirigir, ni aprovechar los poderosos ele- mentos que á su vez personificaba. La suerte favoreció en su primera vuelta al redactor de La Reforma^ que disparó su arma contra su adver- sario. "Yo no he venido á matar, sino á morir" dijo Juan C. Gómez y disparó su arma al aire. Hé ahí un hombre. Después de Cepeda, el fogoso polemista abandonó — g6 — su gran teatro de acción, á consecuencia del pacto de Noviembre y se retiró á la vida privada. En ella ha vivido honradamente y muere como se de- be morir — sin dejar lágrimas tras de sí. Los que nos hemos criado al calor de las ¡deas y de las pasiones de esa alma que tenia mucho de la de un Romano de los mejores tiempos de Roma, miraremos siempre con cariño y con respeto el sepulcro que guar- de los restos que animó. E¿ Pueblo. DON JUAN CARLOS E, fRA Juan Carlos Gómez un patriota de otros tiempos, un hombre convencido con convicción inconmo vible. Espíritu abierto á todas las impresiones generosas, empapado en las ideas modernas, colocado por el or- den natural de las cosas á la cabeza del movimiento liberal en la República. Noble corazón, que ha vivido acariciando todos los ideales dignificantes de la naturaleza humana. Inteligencia brillante, fulgurante, capaz de todas las grandes concepciones. Fué su vida un combate de todos los momentos. La República Argentina, Chile, el Uruguay lo han te- nido ocupando el primer puesto en la prensa diaria, en el foro y en los Clubs. En todas partes ha hecho escuela, porque á su in- menso talento y á su ilustración poco común, unía un estilo deslumbrador cuando escribiay un acento encan- tador cuando hablaba. Sobre todo, convencía, porque estaba convencido; 13 -98- atraía, porque su palabra hablada ó escrita llevaba el sello de la más pura honradez. Era su norte la justicia, su pauta la equidad y su ideal la libertad. Era un hombre de bien. Tres, cuatro generaciones se han sucedido en la es- cena política y han admirado su entereza y han aplau- dido sus brios y se han alimentado de su fé en los mo- mentos de general desfallecimiento. Pocos varones tan varones hemos tenido la suerte de conocer. Jamás tembló ante el gesto de los tiranos, ni ante las turbas airadas, ni ante las preocupaciones amenazantes Tuvo siempre en sus labios una tremenda palabra de reprobación para lanzarla al rostro de la iniquidad ó de la injusticia, encarnadas en la persona de los mandones y poderosos de la tierra. Tuvo, sobre todo y sobre todos, el inaudito coraje de la impopularidad. ¿Qué le importaba á don Juan Carlos que su patria, y la América, y el mundo entero no pensaran como él, si él estaba convencido de que su opinión era conforme con los dictados de la razón, de la justicia, de la equidad y de su propia conciencia? Más de una vez lo hemos admirado y aplaudido en la brecha, sosteniendo la gran lucha — ¡solo contra todos! — por el principio y contra la fuerza bruta. Soñador^ visionario utopista le llamaban los que no alcanzaban á ver tan lejos como él, ni tenian sus nobles presentimientos, esas visiones del futuro, esos espejismos de magia que suelen acariciar á las inteli- gencias superiores. Su vida ha sido un ejemplo digno de imitarse, y es su muerte una gran pérdida. El Fígaro. JUAN CARLOS GÓMEZ L VIEJO campeón de las libertades sud-america- nas, el más preclaro sostenedor del libre pensamiento en las márgenes del Plata, el político 3ud-araericano más recto y consecuente con los verdaderos principios de la democracia, el ilustre jurisconsulto doctor don Juan Carlos Gómez; acaba de fallecer dejando un re- cuerdo venerando en los corazones de cuantos le han conocido, y un ejemplo que admirar y seguir, con su vida llena de sacrificios y virtudes cívicas. Era el doctor Gómez de nacionalidad oriental, pero vinculado de tal modo en la República Argentina que puede decirse que ésta y no aquella era su verdadera patria. Sus importantes servicios prestados á lo que él lla- maba la patria grande lo colocan entre el número de los más ilustres de sus servidores. Como hombre público, el doctor Gómez ha sido mo- delo de honradez, rectitud é independencia. Como periodista ha estado siempre al lado de las causas grandes y justas, y su pluma incorruptible como — loo — su carácter, no se ocupó jamás que de la propaganda del progreso y de la libertad de los pueblos del Rio de la Plata. Natural enemigo del despotismo y la tiranía, fué un apóstol infatigable contra los tiranos y los déspotas. Como abogado ha sido una de las glorias del foro Argentino, siendo uno de los pocos á quienes no pueda señalarse una mancha en el desempeño de su ministe- rio, ejercido con elevación y acrisolada honradez duran- te un largo número de años. El mejor elojio que de su puritanismo pueda hacerse, es que habiendo desempeñado puestos culminantes en casi todas las administraciones después de la caida de Rosas, el doctor Gómez ha muerto pobre. El entierro del cadáver tendrá lugar mañana á las doce del dia, siendo debida esta demora á la circunstan- cia de tener que esperar la llegada de la Comisión Moii- tevideana que el partido liberal de la capital vecina en- vía para formar parte del fúnebre cortejo. La memoria del que en vida fué Juan Carlos Gómez será eterna en los corazones de argentinos y orientales y las virtudes cívicas del ilustre ciudadano servirán de dechado á las generaciones venideras. Paz en la tumba del que en vida fué incorruptible po- lítico, ilustre jurisconsulto y modelo de ciudadanos. El Comercio. EL ULTIMO TRIBUTO A. L DERREDOR de SU tumba, se han dado cita to- das las edades, todas las opiniones. Es que iban á rendir el último tributo de homenaje» al recuerdo del que en vida fué modelo de austeridad y pureza. Sus viejos compañeros de lucha, aquellos que no han podido llegar hasta la fosa, en que debían dormir el sue- ño eterno los restos venerandos del procer, han enco- mendado á los más jóvenes la solemne misión de la des- pedida. Sus adversarios políticos no han trepidado confun- dirse entre los que llegaban hasta el pié de aquella tum- ba, pequeña para encerrar aquellos restos de un gigan- te^ atleta incansable de la idea republicana. Duermen en tierra argentina los despojos del que aca- rició durante su vida el ideal de la confraternidad, en ambas márgenes del Plata. Nos inclinamos con respeto y humildad, ante la tum- ba de Juan Carlos Gómez ! El Demócrata. JUAN CARLOS GÓMEZ D, OPO una lunga agonía sopportata colla fermezza ed ¡1 coraggio, che solo puó daré la certezza di una vita illibata e pura di ogni macchia, cessava di vivere Taltro ieri, il dottore Juan Cívrlo.s Gómez. Come uomo politico, come letterato, come poeta, in ogni attodella sua vita publica e privata, Egli sié sem- pre ispirato alia religione del dovere, né ha mai deroga- to di una linea dalla via di condotta retta ed illibata che si era tracciata. Nato a Montevideo Egliabitavada lungotempo nell' Argentina, amava con parí aífetto la térra che lo aveva visto nascere, e quella su cui doveva rendere il suo ulti- mo sospiro. Amante sincero della liberta, colla sua penna ispirata e coireloquente sua parola, ne ha mai sempre propugna- ti i principii, come non ha lasciato passare occasione di stigmatizzare Tingiustizia e la tirannia. Amico deintaliae degli italiani, Egli era ammiratore di Giuseppe Mazzini, le di cui opere aveva profonda- mente studiate, econosceva a perfezione T Itálica Lette- — I03 — ratura — Egli prendeva parte quasi sempre alie nostre feste patrie dandoci cosi pegno del suo affetto per noi. Se Montevideo perdette ¡n lui uno dei migliori suoi fi- gli e TArgentina uno dei suoi cittadini piú onorandi, noi Italiani perdemmo in lui un'amico devoto e carissimo. Associamoci pertanto al lutto dei nostri ospitali fra- telli e deponiamo un fiore sulla tomba del povero estinto LOperaio Italiano. LE Dr. JUAN CARLOS GÓMEZ L, /E JOUR anniversaire de la féte de rindépendan- ce, le 25 Ma¡, á dix heures et demie du matin, le doc- teur Jean Charles Gómez est mort aprés une assez lon- gue maladie, trente-deux jours aprés la mort de son frére José Cándido, et ágé de 64 ans. Le docteur Gómez était né dans la République de rUruguay, dont il désirait Tannexion á la République Argentine. C'était un homme juste, rigide, integre, et, quoique ayant occupé bien des emplois dans sa longue Garriere, il est mort pauvre dans la maison de son gendre, M. Livingston, marié avec sa filie Elisa. Une nombreuse foule accompagnera ses restes mor- tels, grossie de quelques-uns de ses nombreux amis ve- nus exprés de Montevideo pour prendre part á cette cé- rénionie fúnebre. Ces témoignages de deuil et de respectueuse douleur sont bien mérités. Le docteur Gómez a été un de ces hommes rares, — malheureusement de plus en plus rares — qui restent avec une fiére austérité fidéles á la devise: vitam impenderé vero. — IOS — Son existence a été consacrée 'tout entiére á la de- fensa d'idées justes, saines et vaillantes. II n'a oublié que lui-méme durant tout le cours de sa vie. Lessentiments généreux que peut encoré abriter la génération qui est aux affaires, le respect du droit, de la justice et de la liberté qui restent au fond des cons- ciences et d'oü proviendra tót ou tard un relévement de respritpublic,aujourdh'ui fort affaissé, doivent beaucoup á sa propagande et á son exemple. * II était un des derniers représentants d'une génération militante et éclairée, douée d'une supériorité éclatante sur le terraín des idees, mais un peu impropre á la lutte sur le terrain des fais, par suite de sa distinction méme. II meurt relegué, comme beaucoup de ses contempo- rains, et des meilleurs, dans une retraite découragée. Paix k sa tombe et honneur k sa fermeté! Lá Redaction. L Union Frangaise. 14 LE Dr. JUAN CARLOS GÓMEZ L /un des hommes qul font le plus honneur aux républiquesde la Plata vient demourir, précisément le jourde Tanníversaire de Tlndépendanceargentine. M. Juan Carlos Gómez a succombé le 25 Mai. Cette mort a jeté la consternation dans tous les cen- tres sociaux et politiques; c'est que Tillustre défunt joí- gnait k un talent hors ligne des qualités qui ¡mposent k tous lerespect et la considération. Mr. Jean C. Gómez était un maitre et un apotre dansle journalisme; c'était auosi unécrivain brillant, un homme d'Etat d'une gran- de capa cité, un orateur distingué. Soldat de la démo- cratie, sa plume était une arme puissante avec laquelle il a constamment combattu dans la République Argen- tine comme au Chili et dans la République Oriéntale. Liberal dans toute Tacception du mot, il a toujours lutté contre le cléricalisme, qui avait en lui un ennemi acharné et infatigable. M. J. C. Gómez a vécu entouré de Testime genérale, sa mort a produit une tres vive impression, et ses funé- railles, qui auront lieu aujourd'hui, montreront com- — I07 — ment on sait honorer á Buenos Aires Tun des grands maltres de Tidée républicaiue dans rAmérique du Sud. II fallait une grande date pour cette mort si regretta- ble. La Dértiocratie a dú, le méme jour, féter une de ses conquétes et pleurer Tun de ses serviteurs les plus dé- voués. F. St. Le Coiirrier de la Plata. Dr. JUAN CARLOS GÓMEZ X HE solemnity of yesterday's funeral — the crowd that accompanied the remains to the cemetery— thé speeches of Pellegrini, Várela, Ramírez, Mitre and others over the grave — shew that Juan Carlos Gómez was a man of uncommon stamp. Hewas a visionary ¡n the politics of his country (the Banda Oriental), and, li- ke Rivadavia in the Argentine Republic, was two gene- ra tions or more ahead of his time. As a writer and as a poet he aspired to a high rank in the republic of South American literature; and as a journalist, we may say, from experience, that he was unrivalled. He was indeed the Guido Górres of the River Píate, and Goveinments trembled when he frowned — such was the weight of his writings; and when he spoke, the bees of Hymettus ap- peared to have rested on his lips — such was the magic charm of his soft but convincing eloquence. The memory of the deceased will be long cherished. He had hundreds of tried friends of all parties and na- tionalities. All the representative men of Buenos Aires attended the funeral yesterday. Ifhisdeath is a great — I09 — loss to his country, his memory, at least, will be a las- ting beacon to the generation that grew around him, ad- mired, but failed to understand him. It ¡s, indeed, conso- Hng to see the great tribute of esteem and veneration paid to soaring merits, political hc-nesty, and a long life of admirable integrity — all these were embodied ¡n Juan Carlos Gómez. There stood over the grave in the cemetery many of every walk in life; both high and low gathered in the fa- rewell. There were men also of all shades of politics, but friend and foe shook hands over the grave of the mu- tual friend. Several hundred people listened to the fu- neral orations, some of which wen to the heart, and ma- ny eyes were dimmed with tears as the tender chords of feeling were touched in the eloquent retrospect of the principal moral traits of the deceased. The Standard. JUAN CARLOS GÓMEZ Y, ESTERDAY was borne tothe tombthe remains of one who might be considered as one of the leading spi- ríts of this country during the last thirtytwo years. An Oriental by birth, he took an active part in his native country in every struggle which had for its object the overthrow of despotism and arbitrary power. On the fall of Rosas in 1852, he was among the first ¡mmigrants to Buenos Aires, and due, ¡n a very great measure, to the firmness of his character and his deep knowledge of constitutional forms and laws, the younger men, who rushed into what they considered their patrimony, were held in check, and constitutional government became in a measure Consolidated. Perhaps the greatest feature of the man, viewed un- dercurrent circunistances, was the rare quality ¿.mong Argentines of the sternest unselfishness, and this at a time, and during many years, of administrative corrup- tion which pervaded the whole political body. The hig- hest posts have been oífered him, and we believe we can safely state that he accepted of none which in the sligh- III test degree relaxed his principies of independence or offered the sinecure ofa political partizan. Hewasone of the leading members of the cid Liberal party, but had thegood senseto withdraw from any active participa- tion in its direction when age beganto tell upon bis pfiy- sical powers, a course which if it had been followed by other antiquated leaders of this party, wouldhave found its partizans to-day in possession of their political rights. He was a most unostentatious man, strikingly in con- trast with many of his inferior conutrymen. Possessed of profound critical acumen, be, under other circums- tances; and among other surroundings, would have sho- ne as one of the bright stars of humanity; bu those sur- roundings, so eloquently touched upon by Dr. Alcorta, a few days ago; tinctured his sciences as a lawyer with some of the chacanery unfortunately accepted here as a proper display of ability; but this ¡s a doctrine which cannot be admitted, and no circumstance and no time excuse false interpretations, evento gain the cause ofa client. (We allude to a plea sustained by Dr. Gómez, a few years ago, to the effect that a wife waa at liberty to sepárate from her husband and go wherever she plea- sed, because the National Constitution declares thatall Its inhabitants are free.) In concluding, however, we will savwith Goldsmirh, in alluding to his father, that ta- kign him all in all. 'Even his errors leaned to virtue's side' Heraldy de Buenos Aires. JUAN CARLOS GÓMEZ H. -A BAJADO á la tumba envuelto su nombre en la aureola del cariño y estimación de dos generaciones, de ambas orillas del Plata. Durante medio siglo, el batallador infatigable contra todas las tiranías, propagó sus doctrinas liberales bajo todas las formas. Periodista, jurisconsulto, poeta, hombre político, brilló siempre por la pureza, así diremos, ideal de sus princi- pios, llevando á la vida privada y en el seno de la familia y la amistad, el sentimiento que lo dominaba en todos y cada uno de sus actos. Honrado y austero, se habia retirado á la vida priva- da, alimentando su espíritu con el recuerdo de la noble- za de los móviles que habian inspirado siempre sus ac- ciones. Muere pobre, y esto que pudiera interpretarse ca- prichosamente, era uno de los títulos que más brillo esparcian al rededor de su nombre. Convencido de la proximidad de su fin, el doctor Gó- mez hablaba de ello con la entereza y tranquilidad del — 113 — . i que vé llegar la muerte. comQ.-^:^stacion final de un viaje sin vuelta para el cual se halla preparado, el que después de una lucha fatigosa vé en la tumba un sitio de reposo. Descansen en paz los restos mortales del que se lla- no Juan Carlos Gómez ! El Demócrata, TT EL Dr. D. JUAN CARLOS GÓMEZ ¡IN PACE! FALLECIÓ HOY Á LAS DIEZ Y MEDIA A. M. D, ESPUES de una agonía dolorosa acaba de bajar al reposo eterno del sepulcro uno de nuestros amigos más queridos, uno de nuestros hombres escepcionales que simbolizan la virtud incorruptible de civismo y de abnegación, Juan Carlos Gómez no era un hombre de acción, era un apóstol de predicaciones, un escritor vigoroso, un estadista elevado, el orador ateniense de nuestros par- lamentos y tribunas populares, el filósofo más sincero de la idea democrática, en la República, en la Banda Oriental y en Chile. Acojiendo con respetóla voluntad de Dios, que abre las puertas funerales de su tumba en dia tan glorioso, vamos á acompañar sus restos queridos, rodeados en este momento de los hombres más distinguidos y pree- minentes délas generaciones que ha visto formar. Mañana daremos los rasgos culminantes de su vida. Que descanse en paz! La Ultima Hora. JUAN CARLOS GÓMEZ M, ONTEVIDEO se ha estremecido hoy ante la in- fausta nueva de la muerte de uno de sus más preclaros hijos. Mañana esa noticia será conocida hasta los últimos límites déla República, y allí donde haya un corazón oriental se sentirán las palpitaciones del dolor por pérdi- da tan irreparable, La muerte del grande y austero tribuno es en realidad una inmensa desgracia nacional. Su vibrante palabra, sus grandes y regeneradoras ideas no se sentirán ya más infiltrarse en la sangre de su pueblo querido, para levantarlo al ideal de sus desti- nos, calentarlo en los dias de sus supremas crisis. El pindárico cantor de la libertad, el fogoso tribuno de las luchas tradicionales, el publicista que fundía en el bronce de sus ideas el molde intelectual de las nue- vas generaciones, cae hoy envuelto entre las sombras del ostracismo voluntario, dirigiendo á su patria el últi- mo suspiro y á sus amigos y discípulos que lloran su muerte, el tierno adiós del filósofo moribundo. — ii6 — No podemos ni debemos intentar hoy hacer una bio- grafía del ilustre finado. Plumas más competentes, aunque no corazones más sensibles ante esa desgracia, llevarán á cabo este sim- pático y cariñoso deber. Nosotros que hemos tenido frecuente ocasión en la intimidad de su hogar^ de sentirnos dominados ante la supremacia de su inteligencia y la austeridad y nobleza de sus aspiraciones y sentimientos, queremos limitarnos á dirigir á sus compatriotas una palabra de condolencia ante la inmensa pesadumbre que hoy nos embarga el ánimo á unos y otros. El amor á la patria era en el doctor Gómez una ver- dadera y ferviente idolatría. Los que durante veinte años lo hemos visto en la prensa de Buenos Aires luchar como un lidiador gigan- te contra los partidos urquizista, federal y blanco, elec- trizando á aquel pueblo y al de Montevideo para una resistencia invulnerable, conocemos cuantas ocasiones ha despreciado con enérgica altivez, de ocupar allí los más importantes puestos públicos por no abandonar la querida nacionalidad, en cuya misma debilidad relativa hallaba su viril corazón mayores motivos para idolatrar- la, y preferirla á todos los halagos del poder, y todos los prestigios de los más encumbrados empleos públicos. El gran pensador tenia fé en las combinaciones polí- ticas, creyendo que por medio de su acción y sin perder su nacionalidad ni su autonomía, podría la República asegurar definitivamente su porvenir formando parte de una gran Confederación Platense. Ese grande error nunca p&do enrostrársele al doctor Gómez como un perjurio, ni como una repudiación del sagrado amor á la patria. Para nosotros es y será siempre un error lo que el creia su ideal. Ardiente partidario, verdadero h^^raldo y campeón del partido colorado en sus dias de lucha como en sus dias — 117 — de derrota, creía después de la nefasta hecatombe de Quinteros en 1857 que el triunfo del partido blanco no podia anularse sino apelando al interés egoísta de un gran partido argentino, á fin de atraérselo en favor de sus amigos y lanzarlo como un fiel aliado al campo de la lucha, armado de todas sus armas y decidido á todo hasta lanzar del poder á los implacables verdugos, y al- zar de su postración á las víctimas. La historia dirá si esa abnegación del ferviente parti- dista puede denunciarse como un desconocimiento de ese amor á la patria que nunca brilló ni se exaltó más en el proscripto, como en los dias en que más amagada se vio su patria ante la ambición ó la perfidia estraña. El doctor Gómez ha bajado á la tumba no dejando en su austera pobreza sino el recuerdo de sus nobles vir- tudes, y el ejemplo de su abnegación y civismo, dedi- cando siempre á la patria y al partido colorado cada uno de sus pensamientos, cada una de sus aspiraciones. La República Oriental y el partido colorado, crisol de sus más puros sentimientos, abatirán hoy su enlutada bandera ante la tumba del ilustre hijo y del inquebranta- ble correligionario. Que la noble tierra argentina le sea leve al apóstol de la libertad en cuyas doctrinas se ha inspirado la viril ge- neración á que pertenecemos. El Si^lo, de Montevideo. JUAN CARLOS GÓMEZ ñ^L HILO telegráfico, con la celeridad de su ac- ción, nos ha trasmitido ayer una dolorosa nueva. ¡ Juan Carlos Gómez, el ilustre ciudadano, el repre- sentante genuino y más avanzado de e^a generación que nos abandona, ha muerto del otro lado del Plata ! Ayer no más caía su elocuente palabra desde la cáte- dra y la prensa, iluminando los tortuosos senderos del derecho y la política; ayer no más el ejemplo de su vida austera, generosa, de su carácter excepcionalmente viril resonaba en el vasto escenario de ambas repúblicas hermanas ! Hoy el pensamiento se ha dormido con el sueño eterno de la muerte en ese privilegiado cerebro que encaminó briosas generaciones, y la fria rigidez del no ser, se ha apoderado de ese cuerpo que alimentara los más bellos impulsos del humano. ¡ Su ciencia y su poder intelectual, las dotes del gran compatriota han descendido á la fosa á un golpe des- piadado y funesto! ¡La parca con su piqueta ecualitaria ha demolido ese santuario de las más elevadas virtudes que produjera el civismo ! — 119 — El nombre de Juan Carlos Gómez representa, para nosotros los orientales, toda una historia palpitante de recuerdos. Iniciado en las grandes funciones del hombre público sirvió á nuestra patria multiplicadas veces con el cons- tante esfuerzo de sus extraordinarias luces, y casi pue- de decirse que adelantó con su poderoso brazo el movi- miento intelectual que se dibujaba débilmente en el fondo de nuestros trastornos y desequilibrios fratricidas. El llevó al extranjero la revelación de nuestra exis- tencia, extendió el influjo de esa política en la América libre y cultivando las múltiples facultades de su inteli- gencia privilegiada legó á nuestra literatura monumen- tos imperecederos, á nuestros fastos una pajina esmal- tada de luminosos reflejos y en cuyos bordes la muerte acaba de depositar funeraria orla. Las ceguedades humanas, las exacerbaciones violen- tas y terribles de nuestra irregular existencia, las mez- quindades y estrecheces partidarias en cuyo seno se amamantó, bebiendo quizá inconscientemente infructí- feros anhelos, concitaron sobre su persona ruines renco- res, y arrojaron á su rostro inculpaciones formidables, hijas de ese sentimiento brutal que nos dividió en el pa- sado y que es preciso borrar en el presente para que no se reproduzcan sus consecuencias. Interpretadas como egoismo, como vulgar ambición sus ideas sobre nuestra nacionalidad, ideas que no le apartaron jamás del cariño que á ella profesó, devoró con la conciencia de su sano criterio las afrentas que en todas épocas las vulgaridades amasan para asestar contra los espíritus superiores. Con sus actos desmentíalas absurdas apreciaciones del celo desmedido de sus imprudentes adversarios. Retirado á la vecina orilla, el ilustre varón ocupaba en el corazón de los argentinos igual sitio que en el de sus mismos compatriotas: — su talento franco, sus altas prendas, que bastaran á formar una reputación europea, I20 advirtieron á nuestros vecinos que guardaban una pren- da inestimable. Las ciencias y las letras, la política y la moral recla- maban su valiente apoyo, y así veíamosle mezclarse, aún á despecho de su modestia y su cansancio, en la productiva labor de la inteligencia del otro lado del Pla- ta, defendiendo con los bríos de un novel adalid las conquistas del derecho contra las usurpaciones de la fuerza! ¡Quizá en su pensamiento vagaba la imagen entriste- cedora de nuestro laborioso desarrollo, quizá las hondas miserias de nuestros horizontes políticos tomaban con- sistencia allá en su cerebro patriota para atormentarle y exigirle las confesiones de una valiente protesta ! Llegado á la edad senil, Juan Carlos Gómez bajaba la montaña con la frente serena y el anhelo de los gran- des ideales en el corazón ! La muerte le ha sorprendido en el esplendor de su carrera como al sol pudieran envolverle en el zenit las negras pavorosas nubes de la borrasca ! La inteligencia nacional, cuya más alta manifestación era el gran ciudadano que nos deja, se envuelve en los fúnebres crespones de prolongado duelo. La patria lamenta la pérdida de uno de sus más es- clarecidos hijos, la América toda uno de los más fecun- dos y poderosos talentos. La Tribuna Popular, de Montevideo. JUAN CARLOS GÓMEZ A< L.CABA DE MORIR ! No es á persona alguna de América, desconocido el nombre que sirve de epígrafe á estas líneas. Juan Carlos Gómez — era, por la eminencia de su ta- lento, una personalidad encarnada en la historia del foro, del periodismo y de la literatura Americana. Espíritu nacido para las grandes luchas de la inteli- gencia, su campo de acción estaba en la controversia de las ideas, en la discusión de los principios, en ese apasionamiento viril y entusiasta por los ideales huma- nos y que caracteriza al hombre de genio y lo lleva siempre alas cumbres más altas. Veintisiete años hace que Juan C. Gómez se alejó de la Patria, fijando su residencia en Buenos Aires. Allí ha pasado la mitad de su vida, descollando en el foro, en la Cátedra y en las Academias, y dejando en todas partes el sello luminoso de su talento y el recuer- do palpitante de las aclamaciones y aplausos con que se saludaron sus triunfos. Juan Carlos Gómez, por las altas dotes de su inteli- is — 122 — igencia, era tina gloria que á todos los orientales enorgu- llecía. ' Su muerte deja en el mundo de las letras un vacío ■ muy sensible, pues con ella se eclipsa uno de sus faros más brillantes. La prensa dé Montevideo, justamente impresionada por tan infausto acontecimiento, se ha asociado unáni- memente al duelo, significando á los deudos del doctor Gómez sus sentimientos por medio de un telegrama y ; nombrando de su seno una Comisión para que la repre- sente en las exequias fúnebres que deben hoy verificarse ; en Buenos Aires. ¡ Paz á los manes del doctor Gómez en la tierra, y paz i también para su espíritu en las regiones de la inmortali- dad ! TELEGRAMA He aquí el dirigido, en nombre de la prensa, álos deudos del doctor Juan C. Gómez. A los deudos del doctor don Juan Carlos Gómez. Buenos Aires. : Ante la tumba que vá á abrirse, la prensa de Monte- video, reunida en su totalidad, rinde un homenaje de respeto al eminente publicista y literato cuya muerte enluta las dos Repúblicas del Plata. - Acojan los. deudos de Juan C. Gómez esta manifesta- — 123 — don espontánea, que, salvando todas las divisiones de los periodistas orientales y extranjeros, los identifica en un mismo sentimiento de dolor. Carlos Maria Ramirez y Daniel Muñoz, por La Razón — Clodomiro Arteaga, por La Nación — León Strauss, por El Hilo Eléctrico — Carlos M. de Peña, por Los Aciales del Ateneo — Ni- canor Leguizamon, por El Nacional — Was- hington Bermudez, por El Negro Timoteo — Emilio Lecot, por La Tribuna Popular — M. Arasmendi, por Laurak-Bat — Juan Fleches, por La España — Luis Destefanis, ^ox E Italia — ^Jacinto Albístur, ^oxEl Siglo — Juan Zorrilla de San Martin, por El Bien Público — Totó Ni- cosia, "^ox El Independiente — Francisco Dura, por El Telégrafo Marítimo — ^José Mellado, por La Colonia Española — Rocha Gallo, por A Patria — Manuel R. Viera, por El Correo de Portugal — Manuel Herrera y Espinosa, por La Revista Universitaria— Raixnou Cérde- ñas, por La Union Gallega — José Maria Ró- sete, por El Ferro-Carril — Carlos Barros, por La Revista Forense. La Nación^ de Montevideo. EL Dr. JUAN CARLOS GÓMEZ rL TELÉGRAFO nos ha trasmitido con la concisión de una sorpresa, el fallecimiento de este ilustre repúbjli- co oriental. A fuer de adversarios leales, hay un deber de justi- cia en tributar el homenaje de respeto y consideración al batallador incansable, al polemista más grande que ha contado la América, al apóstol desinteresado y abne- gado de los grandes ideales que una imaginación ar- diente les diera colorido y ardor, y que un corazón pu- jante alentara con valentía. Recto, severo, inflexible en sus principios, Juan C. Gómez, en el mundo de las ideas siempre será un após- tol. En la prensa, un adalid irremplazable. En la tribuna, una palabra de fuego ungida con el sentimiento de la severidad catoniana. Inteligencia que gustaba cernirse en los grandes es- pejismos del porvenir, su tránsito por el mundo fué co- mo el del poeta de los antiguos tiempos, que siempre vivió soñando. — 125 — Por eso, aunque de concepción vasta, de erudición clásica, de criterio potente y destellante, jamás tuvo el espíritu práctico del estadista, ni descolló como político eminente. Las imperfecciones de la vida pública, sus errores, sus transacciones necesarias siempre le repugnaron — buscaba para la República un ideal que no se alcanza- rá — y que lo hizo gustar de las decepciones que minan almas del temple de la suya. Grande en sus pasiones^ fué grande en sus errores. Como hombre fué un carácter — y le tributamos ho- menaje. Como ciudadano — honrado y lo exaltamos en sus vir- tudes. Como apóstol de sus ideas, — severo; por eso muere en el ostracismo. Como político — la historia lo juzgará. Por eso, El Nacional, ante la tumba que se abre en la orilla opuesta para Juan C. Gómez, una de las inteli- gencias más brillantes de nuestra patria, uno de los lite- ratos más delicados y eminentes del sentimiento ameri- cano, se inclina respetuoso ante ella, y deposita su hoja de laurel para la inmarcesible corona que las musas uru- guayas le tejerán en sus desposorios con la eternidad. El Nacional^ de Montevideo. GIAN GARLO GÓMEZ LA MORTE X OCHE ore prima di smarrire il senso, egli parlava con quella pienezza che nelle loro parole ponevano gli stoici prima d'aprirsi le vene o trapassarsi il petto col ferro. Fece a coloro che lo attorniavano alcune raccoman- dazioni riguardanti la sua morte serbando sempre inal- terabile la tranquillitá. Nel mettersi a letto sapeva che non vi si alzerebbe piú coUe sue forze. Rispondendo alie pietose allusioni che gli si facevano riguardo ad un possibile migliora- mento, disse varié volte con debole sorriso: — Oh! un uomo quale io sonó non fa niente sen- za prima pensare. So che stó per moriré e non voglio illudermi. Durante tutta la sua vita aveva combattuto la trágica ridicolaggine di vestiré i morti alia moda, seppellen'do- li cogli abiti che indossavano nel lavoro o nelle feste. Diceva che i morti dovevano essere acconciati con un lenzuolo e restituiti alia madre natura nello stato istesso nel quale essa li posé sulla térra. — 127 — A questoriguardo parlava sempre del sudario di Cris- to, dicendo che il lenzuolo era Tinvolucro naturale pei cadaveri. I corpi dovevano essere lavati quindi velati da un sudario e cosí depositati nel seno della térra, senza racchiuderli in casse di duro legname, accioché i loro ele- menti si confondessero sollecitamente col' gran tutto. E questi suoi pensieri li ripeté ancora una volta prima di moriré eli halasciati scritti nel suo testamento. Ques- te disposizioni non poterono pero adempirsi che in parte e l'estrema volontá del defunto non si esaudi. Raccomandó che il suo cadavere lo coUocassero in una bara semplice, di pino, e che non lo racchiudessero in un sepolcro, ma bensí in una fossa aperta nella térra. Questo medesimo desiderio ch'egli ricorda nella sua agonia, Gian Cario Gómez, lo aveva espresso gia molti anni innanzi nei suoi versi. Mentr'egli favellava con calma tranquilla, coloro che lo attomiavano piange vanó in silenzio, versando lacri- me di dolore e d'angoscia, ed egli esortavali a rasciugar- le con una serenitá che di minuto in minuto transfigura- va la sua fisonomia fino ad infonderle lo aspetto dji una statua antica. Nello accommiatarsi dai suoi comprendevasi che egli riandava rápidamente col pensierotutte le azioni della sua vita, e che rinvigorito dal ricordo della sua fermezza di carattere, provava vero piacere nel continuarle in quel momento supremo. Si aggravó repentinamente, mancandogli II pensiero e la voce per prolungare quelle conversazioni proprie di uno spirito sereno, ritemprato nelle credenze di una fer- missima filosofia. La sua agonia cominció colla perdita del conoscimen- to, ad ore 2 1/2 pom. del sabbato scorso. Piccola e modesta em la camera nella quale trovava- si. Dai due lati del letto eravi un guardaroba con spec- chio; la luce penetrava debole e velata; le imposte delle finestre prospicienti sul cortile, erano state chiuse. — 128 — II moribondo giaceva quasi attraversato, su di un let- to di ébano; la bella testa ríposava su varí guanciali, gil occhi erano fisi al soffitto, vitrei, ma piení di luce. La morte lo fece attendere a lungo e quando essa giunse trovó pronto quello spirito lucido e virile che i suoí contemporanei hanno cotanto ammirato A ore loeSminutiant. di Domenicá 25, il corpo di Gian Cario Gómez rímase immobile, rígido. Tutto era finito. Cosí morí quest' uomo de idee elévate e ardite che seppe fare rispettare in vita, praticandole e difendendo- le con nobile fierezza. Aveva 64 anni ed é morto povero, quasi nella indigen- za malgrado le bríllanti qualilá che come uomo pubblico e come cittadino, lo adornavano. *% Le onoranze funebri che le Cittá del Plata hanno reso ieri in Buenos Aires, a Gian Cario Gómez, riuscirono grandiose, commoventi, imponentissime, prendendovi parte ogni ordine di cittadini, anzi la popolazione in mas- sa, si nazionale che straniera, dai primi magistrati, alF ultimo opefaio. II féretro trovavasi nel salone della casa abitata dalla figlia dello illustre estinto. La cassa, in ferro fuso, era coperta da un cristallo che permetteva vedere le fattezze del morto. Le fiaccole illuminavano mestamente quel quadro do- loroso e un drappo ñero, senza ornamento alcuno, ne aumentava la solennitá. Per volontá espresa del defulito, il cadavere non fu imbalsamato. La casa mortuaria fu fatta meta di un imponente pel- legrinaggio di persone addolorate, che si recavano a ren- 129 — dere restremo tributo d'affetto edi venerazione a quel Grande che non é piú. Tutti vestivano a gramaglie. La cittá intera aveva un aspetto di luto, che ¡nfonde- va tristezza. II trasporto fúnebre fino al cimitero riuscí grandioso; immensa la folla acorsavi; moltissime vetture; il carro fúnebre era coperto di corone votive. Sul féretro, in cimitero, parlarono il genérale Sarmien- to, il Dr. Herrera y Espinosa e altri in mezzo alia gene- rale commozione. leri sera ci vennc in proposito comunicato il seguen- te telegramma: Carlos Marta Ramírez, Buenos Aires A Jacinto Albistur. Imprenta de El Siglo — Montevideo. Otros darán los detalles del acto. Debemos estar gratos á la manifestación del pueblo argentino dignamente representado por la palabra elo- cuente de dos de sus ex-presidentes históricos y orgu- llosos de este homenaje unánime tributado por los orien- tales á la memoria honrada de Juan Carlos Gómez. Puedo también asegurarle que el doctor Herrero y Espinosa estuvo admirable al hablar en representación de la prensa de Montevideo. Comunique este telegrama á todos los colegas. L Italia, de Montevideo 1^ JUAN CARLOS GÓMEZ L< /OS CiUDADANOSorientales, los extranjeros aman- tes de las letras y de los grandes caracteres, tienen que llorar hoy la pérdida de un hombre ilustre. El doctor don Juan Carlos Gómez, uno de los prime- ros publicistas de América, ha fallecido ayer en Buenos Aires, á la edad de 64 años. Desde el año 57 se encontraba el doctor Gómez emi- grado en la ciudad en que ha exhalado el último suspiro. La España^ al llevar al conocimiento del público tan triste nueva, expresa su profundísimo dolor por el falle- cimiento de una personalidad que ocupaba un puesto eminente en la república de las letras, y que poseía la rarísima virtud de ser consecuente con sus ideas y tenaz con sus propósitos. Creemos que toda la población de la República par- ticipará del mismo sentimiento. Ahora, hé ahí las noticias que hemos recojido respec- to á las manifestaciones que tratan de llevarse á cabo, en honor de la memoria del doctor don Juan Carlos Gó- mez. — 131 — En el acto de la colación pública de grados que ayer tuvo lugar en el teatro Cibils, el doctor don José Pedro Ramirez, Rector de la Universidad Mayor de la Repú- blica, pronunció las siguientes palabras: "Me habia propuesto cerrar este acto, como es de práctica con un discurso académico preparado en el si- lencio y en el retiro, con la mente tranquila y el espíritu exaltado por la grata significación de esta fiesta, pero ha querido la casualidad que el alambre eléctrico haya he- cho llegar hasta mí en este mismo momento, una infaus- ta nueva que me abruma de dolor y que embarga mi pa- labra. Mientras escuchaba las reminiscencias tan conmove- doras del doctor De María, de un gran hombre de bien, leian miá ojos arrasados en lágrimas este telegrama que comunica la muerte de otro gran hombre de bien, que nos toca más de cerca á los ciudadanos orientales: " El eminente publicista, el apóstol de toda una gene- " ración, Juan Carlos Gómez, acaba de morir. Es nece- " sario que sobre su tumba se haga oir la voz de sus dis- " cípulos. " La mia señores, muere en mis labios bajo una inde- cible impresión de sorpresa y de dolor, y apenas puedo decir á los jóvenes graduandos como síntesis de las ex- hortaciones que han escuchado de sus padrinos que to- men ejemplo en esa gloriosa tumba y se inspiren en la probidad, en la abnegación, en la altanería cívica de ese gran ciudadano". Tan dolorosa; tan profunda fué la impresión que esta noticia produjo en el ánimo de la distinguida concurren- cia que llenaba el teatro Cibils, que á la palabra del doc- tor Ramirez se sucedió un fúnebre silencio, retirándose todos vivamente conmovidos. Desde ese instante no se ha hablado de otra cosa en los círculos sociales. — 132 — Cuando la noticia llegó hasta el doctor don Pedro Bustamante, este sufrió un ligero accidente, tal fué la emoción que en su espíritu causó la infausta nueva. El doctor Bustamante estaba ligado al doctor Gómez por los más estrechos lazos de amistad y por la analogía de ideas y propósitos políticos. No es extraño, pues, que al recibir la noticia de la muerte de este, el doctor Bustamante sintiérase hasta tal punto conmovido. Igual impresión recibió el señor don José M. Muñoz. La España^ de Montevideo. JUAN CARLOS GÓMEZ A, lVANT HIER, au moment oü la féte universitaire touchalt a sa fin, au théátre Cibils, M. le docteur José P. Ramírez, recteur, recevait un télégramrae de Buenos Aires annonqant la mort de Juan C. Gómez. La séance a été immédiatement levée sur cette triste nouvelle. Une reunión a dú avoir lieu hier au Siglo pour délé- guer une commission chargée de représenter aux funé- railles la presse de Montevideo. II est probable que TU- niversité, TAthénée et toutes les sociétés littéraires en^ verront leur délégation. Nous nous découvrons avec respect devant cette tombe qui seferme sur un des publicistes les plus émi- rients du continent Sud Américain, sur un homme qui joignit a un talent hors ligne une austérité de principes, une fermeté de caractére qui en imposaient á ses adver saires et á toute une genera tion. Juan Carlos Gómez était une de ees natures d'élite, faíjonnées k Tantique, dont le moule semble s'étre brisé. La Frunce, de Montevideo. JUAN CARLOS GÓMEZ A< lCABA de fallecer en Buenos Aires, donde residia en voluntario ostracismo desde hace muchos años, el distinguido literato y periodista oriental doctor don Juan Carlos Gómez. Ante su sepulcro recien abierto, desaparecen las radi- cales divergencias de principios que nos separaban del ilustre muerto. Si el arrojar flores ó lágrimas sobre el sepulcro de un amigo consuela á las almas en sus ternuras, el arrojarlas sobre el de un adversario satisface á los espíritus en sus noblezas. Cumplimos, pues, con el deber de inclinarnos con religioso respeto ante la tumba del doctor Gómez. Su inesperada muerte ha llenado de luto á sus nume- rosos amigos y correligionarios en ambas márgenes del Plata: nos asociamos á ese luto, como tributo rendido á la inteligencia qué acaban de perder las letras naciona- les. Como periodistas, concurrimos ayer á la reunión á que fuimos invitados para rendir homenaje de duelo al pe- riodista extinto. — 135 — Más simpático nos es aún su recuerdo como literato. Juan Carlos Gómez era un poeta, un gran poeta. Colo- camos una guirnalda del corazón sobre su lira muda. Como cristianos ¡oh! como cristianos nuestro duelo es intimo y sin limitaciones; la fe no hace distinciones pa- ra orar y llorar por los fieles muertos. Nosotros pedimos á nuestros lectores para el ilustre hombre de letras que acaba de bajar al sepulcro, el más hermoso y el más eficaz de los tributos por los muertos: la plegaria cristiana por el descanso eterno de su alma. Reine la paz en el sepulcro del doctor don Juan Car- los Gómez. El Bien Público^ de Montevideo. ENTIERRO DEL Dr. JUAN CARLOS GÓMEZ A LAS 12 del dia, la calle de la casa mortuoria es- tá cubierta de concurrentes en toda la cuadra. En ese momento llega la comitiva de orientales, que entran, desfilando, por el frente del féretro cubierto de coronas. Cada uno de ellos se detiene y contempla con cariño la fisonomía pálida, de Juan Carlos Gómez, en que ya no brilla esa mirada que le daba la espresion infinita del ideal. Al aproximarse don Pedro Bustamante, no ha podi- do dominar su emoción: cae llorando sobre un sofá. Las lágrimas humedecen los ojos de muchos orienta- les. A las 12 1/4 llegaron Mitre, Sarmiento, Vicente Fi- del López y otros viejos amigos de Juan Carlos Gómez. Un momento después el cortejo se pone en marcha, llevándose á pulso el féretro durante un largo trayecto. Toda la sociedad de Buenos Aires representada por sus diversas clases, la Administración, el Foro, el Parla- mento, el Comercio, la Universidad, los Centros Jurídi- — 137 — eos las Asociaciones Liberales, se encuentran represen- tadas en el numerosísimo y brillante acompañamiento. Todos los nombres llenarían dos columnas de El Na* ctonal. PARTIDA DEL CORTEJO A las 12 p. m. púsose en marcha el cortejo fúnebre- Abría la marcha un coche lleno de coronas, seguía más atrás él fúnebre con el féretro y en seguida el duelo for- mado por las siguientes personas: . Franck S. Livingston — Luis Gómez — Ernesto Gómez — Federico Rodríguez — Dr. B. A. Jardim — Dr. Maria- no Várela — Dr. F. Ortega. Más atrás caminaban los caballeros orientales que hoy llegaron de la Vecina orilla. En seguida el Club Liberal, Centro Jurídico, Facultad de Derecho, id. de Medicina, Departamento de Inge- nieros y Centro Gallego. Después 200 personas á pié, todas conocidas. (derraban la marcha 200 carruajes. El fúnebre habia lle¿;ado por Perú á Alsina y aún el resto de los coches no podia partir de la casa mortuoria. El Nacional^ de Buenos Aires. Ib EN EL CEMENTERIO Oí el malogrado doctor Gómez hubiera vuelto á la vida en los instantes en que dos generaciones hermanas se congregaban al borde de su tumba para hacer el apoteosis de su existencia querida, hubiera palpado toda la justicia de sus actos, todo el patriotismo de sus intenciones, todo el valor cívico de sus ideas, y toda la honradez de su doctrina política, juzgados imparcial- mente con el calor cívico que inspira el patriotismo y el desinterés desús amigos y compatriotas. La palabra austera del General Mitre, la doctrina pos- tuma de Sarmiento, la frase viril y atrayente de Juan Carlos Blanco, la ovación postrera que brota de los labios del viejo amigo Mariano Várela, y los votos todos de esa generación patriota de la República Oriental, forman las hojas de la corona fúnebre, colocada por la mano de la multitud, sobre la frente helada del gran publicista de las Repúblicas Argentina y Oriental. Han rendido un justo homenaje al ilustre muerto. La Tribuna, de Buenos Aires. A LA ULTIMA MORADA A LAS 12 en punto de hoy la casa del doctor Juan C. Gómez, era el punto de reunión de una inmensa con- currencia que acudia con el objeto de acompañar á la última morada, los restos queridos del ilustre muerto. Todo lo que hay de distinguido en esta gran capital tanto en el foro, las aulas de varias facultades, congre- gaciones civiles, artes, ciencias, literatura y música, es- taba allí reunido, para dar la despedida al quetantolas amó y supo respetar. Por su parte, los Orientales han concurrido del mis- mo modo: representantes de la prensa, del foro y de va rias asociaciones de aquella capital, patria querida del gran publicista. El convoy fúnebre ocupaba ocho cuadras, yendo á la cabeza de él, una columna compacta deciento cincuen- ta personas, ocupando su frente, los deudos del finado, los doctores Montes de Oca y Ortega, que atendiéronla enfermedad del doctor Gómez, sus parientes, el doctor Mariano Várela, amigo antiguo y querido del doctor Gómez, el doctor Jardim y otros. — 140 — Seguían á estos los compatriotas orientales, entre los que citaremos á los señores doctores Herrera y Obes, Muñoz, C. M. Ramirez, Daniel Muñoz, Magariños Cer- vantes, Melian Lafinur, doctor Blanco y varios otros, amigos unos, compatriotas todos del doctor Gómez. Luego iban en orden de ocho en fondo los miembros de la Facultad de Derecho, sus principales estudiantes los estudiantes de la Facultad de Medicina, los miem- bros del Centro Jurídico ó estudiantes de la Universidad y del Colegio Nacional, representantes de la Prensa de ambas orillas, y cerrando la columna, el Club Liberal de que el doctor Gómez fué Presidente Ad honorem. A esta gran masa seguia una gran cantidad de pue- blo. Todos á pié. La demás concurrencia iba en doscientos carruajes, que marchaban penosamente por la calle Perú. Es incalculable la cantidad de flores y coronas que se habian recibido en la casa del finado, yendo todas en dos ó tres carruajes que marchaban delante del fúnebre. La Tribuna, de Buenos Aires. JUAN CARLOS L> /A muerte de Juan Carlos, para mí ¡ne§perada, me ha producido un dolor agudo al corazón. No es por cier- to la noble vida brillante del publicista, el lejano fulgor del poeta de mi infancia, no es por cierto la faz histó- rica del hombre lo que primero se ha presentado á mi memoria. Es la personalidad moral, tan atrayentey cu- riosa, tan anacrónica como creo no encontraré otra sobre la tierra. Era un foco irradiante de simpatía y su impe- rio sobre los espíritus juveniles no tenia límite. Para los hombres de mi generación y aún para aque- llos de la que, venida inmediatamente después, empie- za ya á confundirse con la nuestra, Juan Carlos fué, has- ta hace quince años, el tipo soñado, acariciado como una aspiración por la fantasía inquieta del adolescente. Lo veíamos pasar con su figura elegante y distinguida, su fisonomía acentuada, su bella cabellera, que queda- ba sobre su frente como el pabellón de su juventud constante, su pié de patricio, la cómoda soltura de sus maneras y lo seguíamos en la calle, en los paseos, en el teatro, con los ojos ávidos con que mirábamos al Ge- — 142 — neral^Mitre en 1860 y á Sarmiento desde que nacimos. ¿Nos dábamos cuenta entonces de la personalidad polí- tica de Gómez? ¿Sabíamos á punto fijo su acción en el tumultuoso caos de nuestra organización, su parte en las luchas por la libertad, su influencia en el periodismo del Rio de la Plata? Teníamos conciencia de algo vago á ese respecto, pero la idolatría venia del tipo y de las anécdotas fabulosas que á él se referían. Su vida de destierro sé nos presentaba como una odisea de pasio- nes profundas, frenéticas, y el hombre como un Antony en carne y hueso, que aun se movia viril y elegante ante nuestros ojos. No era la credulidad de nuestra imagi- nación sino el deseo insaciable de constatar en la vida la realidad de nuestros sueños, como una promesa para el porvenir, lo que nos hacia alejar toda duda sobre la verdad de la accidentada vida de Juan Carlos. Leíamos sus versos con entusiasmo, vivíamos al ritmo fácil y ju- venil de sus alejandrinos, cuando nos contaba como ha- bia entrevisto la libertad en las ardientes horas de la juventud. La metáfora se conVertía en biografía, lo veíamos materialmente pugnando por llegar, al puerto, por pilcar la orilla, por llevar honores al templo de la pa- tria. Arrojado de suelo en suelo, de las costas del Bra- sil á las que baña el Pacífico, siempre erguido, elocuen- te, inspirado, encontrando siempre, como los caballeros cristianos, la hija de un príncipe árabe para endulzar las largas horas de su cautiverio. Esa aureola de imperio fatal é irresistible sobre Us mujeres con que nosapare- cia, le daba más importancia á nuestros ojos qtie mil triunfos militares ó veinte ascensiones á las cumbres del poder humano. Un poco más tarde, el periodista. Cuando hacia una aparición en el campo donde empezábamos á ensayar nuestras fuerzas, era con misterioso recojimiento, mez- cla de curiosidad y de respeto que leíamos ñus primeros artículos. Una impresión indefinible de sorpresa, diría de rareza y por fin de entusiasmo comunicativo, ncs gana- — 143 — ba. Imbuidos en otras ideas, en otra atmósfera, qué aquella en que vivía Juan Carlos^ como si en su juven- tud hubiera aspirado aire suficiente para su vida entera, teniendo un ideal literario tan distinto al suyo ya, pare- cíanos en verdad, ridicula esa fogosidad desbordante, esa frase incandescente, tribunicia, mezcla de la vieja declamación romana y de imprecación girondina. Pe- queños escépticos, creíamos ver allí la factura á frió, la exitacion de los flancos exhaustos para parir'ideas entre el turbulento avanzar de una prosa Sináica. Pero pron- to cedíamos al calor que empezaba á ganar el oidopor la armonía, el espíritu por la nobleza moral que allí vi- braba y el alma entera por la sinceridad que todo lo cu- bría como una túnica blanca é inmaculada. Era simplemente el viejo ideal de nuestros padres que hacia su aparición en nuestro mundo positivo. Las cosas que Juan Carlos decia, por las que se habian he- cho matar generaciones enteras, nos tocaban mediana- mente, no por degradación moral, sino por la conciencia definitiva que las barbaridades del pasado, la tiranía, el destierro, las hecatombes ño se reproducirian ya en nuestra tierra. Juan Carlos había vivido entre ellas y los versos de Echeverría y Mármol, que nosotros reci- tábamos como trozos literarios; sonaban en sus oidos como los mitos de la Helada en los de los adolescentes griegos que marchaban en los bosques con el alma tré- mula en el ansia secreta de encontrar una ninfa saliendo de una gruta ó una orgía de dioses en el clarear de una selva. Habia vivido esa vida y la sabia posible. Por eso su palabra tenia siempre algo de sacerdotal y profética, vibrando en una convicción que es raro encontrar en nuestros dias en ningún campo intelectual. Luego, la hidalguía constante de su vida, conocida de todos, arrojaba luz sobre su estilo. En nuestra tierra, la impersonalidad literaria no existe, no puede existir. El hombre va ligado al escritor por los millares de vín- culos que han amarrado su existencia privada á la expío- — 144 — sion pública de su espíritu. Nadie puede hablar con au- toridad del honor, sin tenerio; nadie es oido, cuando lla- ma á la lucha, si él mismo no ha luchado. Así las per- sonalidades moralmente borradas, aun aquellas que los accidentes nos han forzado á sostener, no marchan nunca con el cortejo respetuoso que profesamos, aun los que los hemos combatido, á hombres de la altura moral de ese General Mitre que tenemos alejado del Gobierno hace veinte afios y á quien saludamos en la calle como un padre de la patria. Sí, la honestidad de la vida, eso es Juan Carlos. No la honestidad burguesa, plácida, la vida oculta y serena cantada por Horacio, la tranquila fisonomía de un bur- gomestre holandés, que sirvió lealmente á sus conciu- dadanos y entregó sus rasgos áVanOstade para que pasaran á la posteridad en un modesto museo de pro- vincia. La alta y noble honestidad de la batalla, la mano ar- mada para herir de frente, el pecho descubierto, la ma- licia despreciada, el respeto al derecho, el odio de la sangre rebelde contra la opresión — Cuántos hombres guerreros han combatido y muerto por la libertad huma- na! Cuántos han dejado su nombre ligado á libros que son biblias para los pueblos que sufren! Y cuántas fiso- nomías diferentes entre ellos! Nada más lejos del tipo moral de un viejo patriota Norte Americano que Juan Carlos. Para él, el sentimiento era todo. Amaba la li- bertad no como un publicista severo que deduce dere- chos y privilegios de viejas cartas empolvadas, bilis del parlamento ó reales cédulas. La amaba como se ama la juventud, la belleza, la fuerza y el valor, esas cosas, enfin,''que hacen que la vida merezca la pena de ser vivi- da", como me decia en aquella noche inolvidable cuan- do en un banquete, cien manos se tendieron estremeci- das de cariño asi que el viejo poeta se puso en pié. Tenia fé ciega en su guia interior; no necesitaba consul- tarlo, porque su corazón habia latido antes que la — Í45 -- reflexión dominara su espíritu; diré más, su espíritu rio reflexionaba, Utia. Así, para buscarle una analogía en las escuelas liberales del pasado, no es á la Inglaterra ni á su inmensa colonia que es necesario acudir; apesar de ciertos rasgos de estilo, no es tampoco en la Fran- cia revolucionaria que se debe buscar su filiación. Le faltaba el fanatismo sombrío que hace empujar y empu- ja á la guillotina, Juan Carlos tenia la teoría demoledcj- ra, pero el corazón manso y perdonador. Cuántas veces en las eternas noches de discusión del Club del Progre- so, de que más adelante hablaré, al llegamos la noticia de una nueva hecatombe en.la Banda Oriental, en el duro y largo martirio de ese pueblo querido y hermano, la voz de Juan Carlos tronaba, apostrofando nuestras fi- sonomías entristecidas. "Eso es un pueblo^ Heno de vi- gor y sangre en^ las venas. Así se lucha, así se muere por la libertad." Sus ojos chispeaban, su voz salia en un silbido estre- mecido, se veia la ola turbulenta de str alma subir so- berbia á tomar la forma de un grito de guerra. En ese momento creía ver la lucha, la exaltación del valor, el grupo de esos nobles jóvenes orientales que caían sere- nos; él mismo se habia avanzado con su puñal de 1830 contra un chino armado de un remington.^...wMás tar- de venia el detalle, la muerte oscura en una asonada de un hombre joven, lleno de talento y patriotismo; los ojos del viejo poeta se impregnaban de tristeza infinita y volvia á su hogar solitario, sombrío como una tumba. No, Juan Carlos procedía, no de Mazzini, sino de su propaganda. El hombre, cuyo carácter él se habia forja- do á través de sus escritos, más que conocido,, era su antítesis absoluta. Juan Carlos no tenia nada de aquel misticismo sombrío de Mazzini, de esa teocracia funda- mental que tan difícil hacia penetrar su pensamiento. Pero su propaganda ardiente, incansable como la de un apóstol, la época, la humillación secular de la Italia, el lado poético de la revíndicacion, Radesky en Milán, SiU — *■• 146 — vío^n.elSpielberg, Jos nefastos campos de Novara, la tristeza ínortal de Foseólo, la declamación patriótica *deGuera^si, el Papa traidora la Italia, Ñapóles en el fango: borbónico, la sombra de la santa alianza pegada al viejo sudo heroico como un sudario, todo contribuia á agitar el alma italiana de Juan Carlos. Sí, el almaita- liana,impregnada de renacimiento, como la de mi pa- dre, ique con tanta razón Lucio López ha recordado en esas cuatro palabras perfectas de gusto exquisito que. pronunció sobre la tumba de Juan Carlos. Los amores de la juventud persisten siempre; entre todos los hom- bres de aquella época, Juan Carlos y mi padre fueron los' artistas por excelencia. Ambos mezclados en Ik lu- cha, ambos cumpliendo su deber con la espada y con la' pluma, pero poetas en el fondo procurando ver el mundo en que ^e agitaban, bajo el aspecto de las vie- jas Repúblicas Italianas en la que también se combatia pórlavida y el honor. En literatura, en pintura, en música; Juan Carlos era italiano. Tenia un espíritu esencialmente latino y sus iiecturás modernas impregnadas de la exégesis alemana áks que se entregaba más por dignidad intelectual que por placer, no dejaban rastro profundo en él. Volvia á sus amores, á las ideas sencillamente concebidas al de- ber claro como la atmósfera moral que lo impregnaba, alas formas predilectas, sonoras, elocuentes, casi rítmi- cáts.' He pasado muchas noches oyendo á Juan Carlos narrarme la época juvenil desvanecida, cuya nota nos es tan difícil concebir. i Con su cultura exquisita, su urbanidad jamás des- mentida, suavizaba su pensamiento íntimo cuando le era forzoso comparar las épocas. Es que para él, er mundo moderno degeneraba en ideas, en senti-. mientos, en altura. Con su inteligencia comprensiva., se; daba bien cuenta de nuestras necesidades, de la obligación en que estábamos de concebir la. política y el maiiejo de los hombres, bajo leyes diversas de — 147 — - aquellas que ellos habían adoptado,, so p^na ,dí^-